1 de julio 2002 - 00:00

Danza macabra de dos desesperados

Victoria Carreras
Victoria Carreras
«Freno de mano» de V.Winer. Dir.: R.Villanueva. Int.: V.Carreras, P.Monje y G.Correa. Esc. y Vest.: J.Suárez. (Teatro Nacional Cervantes - Sala Orestes Caviglia)

José y Matilde aparentan ser un matrimonio bien avenido, pero en realidad son dos individuos desesperados que intentan esquivar la pobreza con recursos decididamente autodestructivos. El encuentro en el hospital -donde se desarrolla toda la acción-pone de manifiesto el aturdido egoísmo de José que sólo piensa en cumplir su sueño de viajar a Estados Unidos, cuando su mujer está a punto de ser intervenida quirúrgicamente por un tumor. Matilde es digna de lástima, pero también se muestra como una hábil manipuladora que se aferra a su rol de enferma para dominar a ese marido que hoy se comporta como un extraño.

La obra parece postular que el naufragio económico conduce indefectiblemente al embrutecimiento espiritual y a la abulia ética, sobre todo tratándose de personajes escasamente instruidos y acostumbrados a sobrevivir mediante la trampa y el engaño. Tal es el caso de José, con una larga carrera como testigo falso que ahora piensa mejorar haciéndose «atropellar» en Nueva York y así ganarse una buena indemnización. «Freno de mano» de Víctor Winer, acaba de ser publicada en el libro «Obras Argentinas Premiadas en Nueva York» (editado por la New York University y Argentores)- y fue estrenada en Madrid en el «Festival Alternativo de Teatro, Música y Danza» de este año. Se trata de una pieza muy simple, prácticamente reducida a una sola anécdota y con personajes que reproducen el habla popular sin mayores recursos metafóricos.

Matilde
y José podrían formar parte de cualquier comedia televisiva, sólo que en manos de Roberto Villanueva la pieza alcanza una virulencia inesperada, producto de una ajustada vuelta de tuerca sobre el realismo naturalista de las primeras escenas que va remontando vuelo hasta bordear el absurdo. El director condujo a sus actores hacia una delirante danza macabra, que compensa el patetismo de estas criaturas con refrescantes dosis de humor negro.

Victoria Carreras
maneja con ductilidad las contradictorias facetas de su personaje y además tiene la tarea extra de compartir escenario con dos partenaires diferentes, según los días, Pepe Monje y Gabriel Correa. En la función que comentamos, Correa aportó un sutil toque payasesco a su rol de soñador y tramposo. Por otra parte, la sugerente escenografía de Julio Suárez permite acentuar el clima onírico que sobrevuela en la puesta.

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