30 de julio 2002 - 00:00
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Periodista: ¿Qué efecto le produjo este triunfo en España?
Javier Daulte: Por suerte no es mi primera obra ni la primera vez que me va bien, ni tengo 25 años. Tengo 40, trabajo desde hace mucho y me ha ido bien aquí y en España. Yo creo que mis obras anteriores son las que han ido preparando un terreno propicio y creando nuevos espectadores. Además creo que el teatro de Buenos Aires está pasando por una época de oro que se inició con el recambio de dramaturgos, directores y actores de los últimos diez años. Siempre hubo cosas excelentes, pero antes eran casos aislados, ahora hay toda una movida. En un país que no produce nada, donde hasta la cortina de tu baño dice «Made in Corea», el teatro crece en producciones y permite liberar tus niveles de angustia.
P.: Usted fue bien recibido con un producto teatral que poco tiene que ver con lo que se hace en España.
J.D.: Creo que había un espacio que estaba vacante y que había una necesidad de cambio muy clara. Ellos no sabían muy bien qué querían, pero cuando apareció les encantó. No es cuestión de generar un buen espectáculo sino un modo de hacer teatro. El fenómeno de «Gore» correspondió a esa osadía lúdica que de pronto adquiere el teatro cuando no está ocupado en generar buenos contenidos sino un buen hecho teatral. Acá estamos un poco más acostumbrados a eso, pero el público español se sorprendió muchísimo porque además descubrió que gozaba del hecho de estar en el teatro. Me hubiera encantado poder fotografiar a ese público, porque de repente veía a cincuenta personas con cara de niños, mirando el espectáculo con la boca abierta. Y lo hicimos con cuatro tachos y nada más, un recurso muy argentino. Ahora voy a hacer «Besame Mucho» en España, con un elenco de allá, que se estrenará en Madrid en enero del 2003. Y también voy a montar una nueva obra en el Lliure (Barcelona) que llevaré preescrita.
P.: Antes trabajó con extraterrestres ahora con policías. ¿Por qué eligió este contexto?
J.D.: Es una especie de oficina en donde trabajan policías, esa parte que el público no conoce. Acá se los ve trabajando y en su vida privada, porque hay varias historias de amor. El que se trate de policías buenos ya genera una tensión lúdica muy interesante con el espectador, porque la policía suele aparecer en televisión pegando y reprimiendo. La obra es tremendamente disparatada pero también realista. Me ocupé de que todo lo que está sucediendo en escena resulte siempre atractivo.


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