8 de junio 2001 - 00:00

Decepciona policial sobre narcotráfico

Decepciona policial sobre narcotráfico
«Blow - Profesión de riesgo» («Blow», EE.UU., 2001, habl. en inglés.) Dir.: T. Demme. Int.: J. Depp, P. Cruz, J. Molla, F. Potente, R. Griffiths, R. Liotta, E. Suplee, P. Reubens, M. Perlich.

George Jung, convicto hasta el año 2015 por narcotráfico, explica que es un hombre cuya ambición superó por completo su talento. También explica que si bien sabe que vivió momentos muy intensos, el resultado dejó bastante que desear.

Exactamente lo mismo es lo que le pasa a «Blow», un policial de drogas que empieza como un «Boogie Nights» con humo de marihuana, sigue como una versión light del «Caracortada» de De Palma, y termina con un deprimente toque de «Birdy» de Alan Parker.

En realidad, durante sus primeros 40 minutos, «Blow» luce como la gran película que podría haber sido. Pero la historia de este dealer que a fines de los '60 aprende a comercializar en gran escala sustancias prohibidas cada vez más en boga pronto empieza a ofrecer situaciones demasiado familiares.

Antecedentes

En «Lightsleeper», Paul Schrader había logrado describir con cierto realismo el submundo del narcotráfico. Esa película era muy poco pretenciosa, y se filmó en un momento muy inadecuado, por lo que pasó totalmente inadvertida en todo el mundo. Sin embargo, ese film de Schrader apuntaba a lo mismo que «Blow», pero su visión humanista del narcotraficante tenía más sentido porque no intentaba abarcar toda la evolución histórica del negocio de las drogas durante tres décadas.

Esta intención de gran saga de los narcos se contrapone totalmente a la visión profunda del problema de una sola persona, un pobre dealer eternamente traicionado por amigos y mujeres (sobre todo si son hispanos como
Jordi Molla o Penélope Cruz) y que al final sólo quiere hacer unos dólares más para poder cuidar a su hijita. La contradicción va fisurando toda la estructura del film, y en un momento dado los personajes coprotagónicos se vuelven secundarios o simplemente desaparecen, a veces sin siquiera uno de los constantes textos en off para explicar su destino.

La sensación decepcionante no sería tan clara si no fuera por la calidad de algunas actuaciones y la intensidad de varias escenas, incluyendo un episodio que podría explicarse como la versión civilizada del encuentro en Miami entre
Al Pacino y una motosierra. El problema es que si bien la actuación de Johnny Depp justifica por sí sola el precio de la entrada al cine, Pacino y la motosierra siguen dominando el cine de narcotraficantes.

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