23 de diciembre 2005 - 00:00

Dedican a Presas un libro y una muestra

«El prestigio», óleo sobre papel de diario de Leopoldo Presas, parte de la exposición que coincide con el libro «Obras de Colección» que acaba de sumarse a la extensa bibliografía sobre este importante artista.
«El prestigio», óleo sobre papel de diario de Leopoldo Presas, parte de la exposición que coincide con el libro «Obras de Colección» que acaba de sumarse a la extensa bibliografía sobre este importante artista.
En Galería Rubbers se presenta una importante muestra de alrededor de veinte cuadros de Leopoldo Presas en coincidencia con la publicación del libro «Obras de Colección» con textos del crítico de arte Raúl Santana, Edición Pablo Birger, que se suma así a su extensa bibliografía.

Uno de nuestros artistas figurativos más renombrados a quien nunca le atrajo la abstracción como medio expresivo pero que como alguna vez confesó, «trato de incorporar los elementos abstractos que puedan enriquecer mi obra dentro de la medida de mis posibilidades». Presas nació en 1915 y desde sus 17 años, edad en la que ingresa a la Academia de Bellas Artes, ha recorrido un vastísimo camino al que aún le dedica sus afanes.

Es a Spilimbergo a quien, además de la solvencia formal, le debe su primer contacto emocional con la pintura y este sentimiento recorre toda su obra. Paisajes, puertos, naturalezas muertas, la figura femenina, encarnada principalmente por Elsa Sagasti, quien fuera su esposa, tema fundamental y del que vale la pena recordar una de sus citas: «Para pintar hay que amar u odiar al modelo», frase que podría pertenecer a Picasso, pero en el caso de Presas seguramente ha prevalecido el amor.

• Polémico

Su contestataria serie de «Los Cerdos» fue iniciada después de haber leído en un matutino cómo estos animales se nutren de la basura en los aledaños de la Ciudad. Corría el año 1969 y fue un factor desencadenante porque pensó en «cierta clase de gente que transforma en basura todo lo que toca» y que generó una tremenda polémica por sus personajes reconocibles. Otra serie inolvidable fueron los «Cristos», de carácter expresionista, lacerantes, de dramático contenido. De alto voltaje fue «Erótica», realizada sobre papel de diario, inspirada en el «Kama Sutra» y Santana señala que «Presas extrema su invención en la representación de las escenas con un color arrebatado que exalta el acto vital».

También son vitales sus carbonillas, desnudos femeninos de trazo grueso y vibrante. Debe recordarse que el dibujo es esencial para este artista, su línea genera volúmenes, no es nunca uniforme y a veces se interrumpe para resaltar los rasgos del retratado, como en el caso de Chesterton, escritor admirado del artista de quien leyó sus treinta y ocho libros y que influyó profundamente en su vida de hombre y de pintor. Tanto la muestra como el libro rinden homenaje a este lúcido artista, ahora en sus 90 años, admirado por su lirismo, por la poética de una obra realizada con amor, capaz de reelaborar todas las tendencias influyentes del siglo XX con un lenguaje personal que lo hace reconocible a través de todas sus series a lo que se suma su gran capacidad como colorista que vuelca desde sus entrañas. Hasta el 28 de diciembre. Av. Alvear 1595.

Las «narraciones» de Ana Fabry están atravesadas por una aguda observación y una sutil ironía. Podría hablarse de juego constante ya sea a través de las imágenes y de la palabra, los títulos a los que apela, con los que da ciertas pistas al contemplador que se transforma en cómplice. La emblemática flor de ceibo que se despliega como fondo en «Flor de Educación», alumnos con guardapolvos blancos, atados, en fila, símbolo de una época en la que se conseguían títulos casi sin pasar por las aulas, una imagen de la decadente educación argentina que hoy engrosa estadísticas negativas.

A
Ana Fabry le gusta la acumulación de objetos en miniatura, secadores de pelo, ralladores, autitos, soldaditos, que solían hacer las delicias de los juegos infantiles de los niños, y hoy en extinción, dado que desde el vamos están frente a la computadora. Esta acumulación en la casita soñada, ordenada y protectora «Casita Feliz», también se derrumba, ha colapsado y aparece en el piso caóticamente. En «Copa de Leche», aquella que no llega a todos los niños, Fabry reitera la acumulación.

Esta artista nacida en Córdoba y que reside actualmente en Santa Fe, ha obtenido, entre otros, el Primer Premio del LXXXVIII Salón Anual de Santa Fe (2002) y la Primera Mención del Salón Nacional de Artes Plásticas en 1999.

Concurre desde 1997 a Art Miami y desde 2002 a Art Chicago, ha sido invitada a exponer individualmente en Nueva York y fue seleccionada este año parala Bienal de Beijin. En su actual muestra en Praxis desfilan, además, situaciones como
«Primera Quincena». Un equivalente de las fotos que pronto ocuparán las primeras planas de los diarios, hecho que se reitera al comienzo de la temporada veraniega, miles de seres amontonados bajo las sombrillas «gozando» del ruido y la alineación playera. Su cromatismo oscila entre verdosos, ocres, rojos apagados, una paleta que evita lo llamativo y a la que añeja adrede, recuerda a ciertos libros amarillentos que han quedado olvidados en la biblioteca. «Producto en Bruto Interno -Pinturas, objetos, juguetes y entretenimiento», una muestra en absoluto banal que «habla» de las cosas importantes en clave de humor, que no se queda en una impresión puramente sensorial. Hasta fin de mes. Arenales 1311.

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