24 de octubre 2002 - 00:00

Desopilante boda griega con estupendos actores

Escena del film
Escena del film
Mi gran casamiento griego» («My Big Fat Greek Wedding», EE.UU., 2002, habl. en inglés). Dir.: J. Zwick. Guión: N. Vardalos. Int.: N. Vardalos, J. Corbett, M. Constantine, L. Kazan, I. Gomez.

Según la actriz de origen griego Nia Vardalos, autora y protagonista de esta agradabilísima comedia, para ciertos ejecutivos de Hollywood cualquier cosa con la palabra casamiento en el título funciona bien (entiéndase en la boletería); mejor aún si se trata de uno de carácter «exótico». El éxito que tuvo en Estados Unidos «La boda» -el film de la india Mira Nair que todavía puede verse en Buenos Aires-, vendría a probarlo. La historia de la gestación de «Mi gran casamiento griego», también.

Antes de conocer esa fórmula, y cansada de fracasar buscando trabajo de actriz, primero en su Canadá natal y después en los EE.UU., Nia Vardalos escribió para sí misma un unipersonal humorístico inspirándose en su propia familia de inmigrantes griegos. En él contaba la historia de una treintañera habituada a escuchar, «desde los 15 años», la misma pregunta de su papá: «¿Cuándo te casas? Empiezas a verte vieja», hasta que tiene la escandalosa ocurrencia de querer casarse con un hombre ajeno a su comunidad.

Tras representarlo en varias salas teatrales, con la repercusión suficiente como para que algunos estudios de cine trataran de comprarle los derechos, con el objeto de que el guión lo escriba otro y lo interprete una actriz más famosa y fotogénica (de raíz italiana o hispana, total todo es intercambiable), Vardalos tuvo la suerte de que, actuando en Chicago, su obra fuera vista por la mujer de Tom Hanks, Rita Wilson, también de familia griega. Hanks le produjo la película conservándola a ella como actriz y guionista. En poco tiempo, la película multiplicó 30 veces los 5 millones de dólares de presupuesto inicial en la taquilla estadounidense, transformándose en uno de los éxitos costo-beneficio más resonantes del Hollywood actual. Independientemente de la potencialidad económica de la palabra casamiento en el título, la realidad es que el guión de Vardalos es muy gracioso, romántico sin ser empalagoso, femenino sin desmelenamientos, simpático hasta para señalar las ignorancias mutuas (el padre del novio, un norteamericano, confunde a griegos, armenios y guatamaltecos). Sobre todo, es creíble.

Aunque por momentos se tiente un poco con los recursos de sitcom, el director proveniente de la TV, Joel Zwick, supo traducir cada detalle del libreto de Vardalos. Es que en una historia como ésta, lo importante son los detalles; desde los inocentes paneos por el plástico que cubre los sillones, a lograr focos de atención en medio de los amontonamientos de parientes o mantener siempre dentro de cuadro el limpiavidrios al que el padre atribuye poderes curativos universales. Y, por supuesto, importan los actores, empezando por Vardalos, un sorprendente ejército de desconocidos o secundarios perpetuos. Entre ellos un estupendo Michael Constantine, como el padre tradicionalista, manipulador y llorón, y Lainie Kazan como una madre «sometida» entre cuyos lemas figura que «Es cierto que el hombre es la cabeza, pero la mujer es el cuello... que mueve la cabeza para el lado que ella quiere».

Puede ser que en las escenas finales se recuerde a «La boda» y se piense que los colores y la música ahí eran más bonitos, pero «Mi gran casamiento griego» tiene algo fundamental a su favor, es mucho menos pretenciosa.

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