10 de julio 2006 - 00:00

Despidieron restos de Ana María Campoy

Los restos de Ana María Campoy, fallecida el sábado a los80 años, fueron incinerados ayer en una ceremonia íntima.
Los restos de Ana María Campoy, fallecida el sábado a los 80 años, fueron incinerados ayer en una ceremonia íntima.
Fueron incinerados ayer, en ceremonia casi íntima, los restos de Ana María Campoy, actriz y personalidad seguida y admirada por varias generaciones de hispanohablantes.

Española por juris sanguis, colombiana por casualidad y argentina por adopción, su verdadero suelo fue el escenario, al que subió cuando apenas tenía cuatro años, del que bajó cuando ya llegaba a los 80, y donde fue siempre reina y señora.

En verdad, ella fue reina y señora en todas partes, y de cualquier lugar hacía un escenario, siempre elegante, lúcida y dueña de la situación. «Mi lugar en el mundo... es el mundo», afirmaba. Hija de una actriz trashumante, Anita Tormo, y un apuntador, Ana María nació en Colombia (dicen que interrumpiendo una mano de póker, o de mus, de sus padres) y se educó en España.

Allí debutó, apenas criatura, y sufrió la guerra. A la muerte de sus padres emigró a México, donde conoció a su paisano Pepe Cibrián (ambos elegantes, con el don de la conversación y la simpatía natural). Se casaron en Guatemala, tuvieron a su primer hijo, Roberto, en Cuba, y se instalaron en 1949 en Argentina, donde nació el segundo, Pepito. Aquí se afincaron.

En teatro empezó haciendo «monerías en los intervalos» y siguió con Carlos Arniches (en «Las pobrecitas mujeres») y otros comediógrafos, y solo bajó cuando la enfermedad la obligó a interrumpir «La importancia de llamarse Wilde», hace apenas tres temporadas. Siguió, de todos modos, dando sus clases en el Teatro El Globo.

En cine empezó a los 12 años, con una obra de propaganda republicana, «Aurora de esperanza» (1937), donde hacía de hijita mayor de un obrero, pasando luego a las necesarias comedias de posguerra («Un marido a precio fijo», «Doce lunas de miel», etc.), en España, Portugal, y luego México y la Argentina, donde brilló junto a su marido, y luego sola, en diversiones como «Cubitos de hielo», «Placeres conyugales (Las mujeres los prefieren tontos)» y «Las pirañas». Su última aparición en la pantalla grande fue en 1986, en «Las lobas».

En diciembre de 1951 los Cibrián (incluyendo a Pepita Meliá, suegra de Ana María) aparecieron con «Néstor Villegas vigila», un pasatiempo de apenas 15 minutos que a pedido del público se fue extendiendo hasta llegar a una hora. Siguieron luego los éxitos de «Cómo te quiero, Ana», « Cómo te odio, Pepe», y «Pepe y Ana y Pepe», con libretos de Abel Santa Cruz y luego de Hugo Moser. Entre comedias, telenovelas, algunos dramas («Academia Grand Hotel», «La extraña dama», «Compromiso») ella siguió trabajandohasta despedirse en 2003 con «Dr. Amor», según libretos de Juan Carlos Mesa. Precisamente de Mesa y Basurto fue uno de sus más famosos personajes, la actriz Eleonora Sala que irrumpió en 1976 y se consagró en «Badía y compañía». Su otro gran personaje fue ella misma, graciosa, salerosa, siempre cordial, y así quedará, brillando tanto en su programa de la desaparecida Plus Satelital «La Campoy», como en el unipersonal dirigido por su hijo Pepito, «La Campoy en vivo».

Paraná Sendrós

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