30 de diciembre 1999 - 00:00
"DESTINOS CRUZADOS"
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Tras la sorpresa y el dolor iniciales, como buen policía, Ford remueve cielo y tierra para averiguar todos los detalles del romance entre su mujer y el marido ajeno (a riesgo, incluso de ser ridiculizado), mientras Scott Thomas lo único que quiere es evitar que el escándalo empañe su impoluta campaña de reelección.
Es tan improbable esa relación que cuando aparece el primer atisbo romántico entre ambos, ella murmura «increíble», en sincronización perfecta con el pensamiento del espectador.
Partiendo de esa base, lo único que queda es ver cómo se las arregla el guionista para darle al asunto algún viso de realidad. Lo que lleva a repasar varios lugares comunes, entre ellos cómo se cuida la imagen de un político, con el mismo Pollack en el papel del cínico asesor de relaciones públicas (el director actúa a menudo tanto en sus películas como en las de otros; recientemente se lo vio en «Ojos bien cerrados» de Stanley Kubrick, componiendo otro tipo de cínico), o cómo se mueve ese político entre su vida pública y privada. Tratándose de Pollack, además, lo que no cierra se explica, no importa cuán anticlimática pueda ser la explicación.
En el caso, por lo menos, hay buena química entre Harrison Ford y la exquisita Kristin Scott Thomas (cosa que el maduro actor no consiguió ni por asomo con Anne Heche en «Seis días y siete noches», por ejemplo) como para que se espere con algo de interés el fin que tendrá ese vínculo insólito.




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