Al centro, el director de “The Railway Man”, Jonathan Teplitzky, junto a Patricia Lomax, viuda del personaje real que inspiró el film, y el autor Frank Cottrell Boyce.
San Sebastián - Día de contrastes en la competencia oficial donostiarra. Esta vez se presentaron un relato mexicano minimalista y una historia entre romántica y dramática australo-británica con gran despliegue y artistas famosos. Ambas obras son buenas, cada una en lo suyo, pero la primera gustó más, quizá porque se esperaba menos. De la otra muchos esperaban a Nicole Kidman, la estrella protagónica. En cambio apareció la mujer que ella representa, una viuda septuagenaria, pero quizá salimos ganando.
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La mexicana, "Club Sandwich", es una de Fernando Eimbecke, el de "Temporada de patos" y "Lake Tahoe". Como en éstas, la anécdota es muy chica: una señora y su hijo adolescente, muy unidos, están de vacaciones. Todo bien, hasta que aparece una chica, el pibe se despabila un poco, y la madre debe hacerse a un lado. Ese momento, tan sensible para cualquier madre, está bien descripto, con sutileza, sentido de observación, y, eso sí, con dos tonos por debajo de lo que otro realizador hubiera hecho. El conjunto es creíble, y el resultado es agradable y solo aparentemente pequeño.
Del paso del tiempo y sus huellas habla "The Railway Man", basada en la autobiografía de Eric Lomax, un escocés que durante años sufrió pesadillas y ataques de pánico hasta que hizo las paces con el japonés que lo había torturado reiteradamente durante la II Guerra. Se combinan allí dos épocas: 1942-45, en la prisión de Kanchanaburi, Tailandia (tumba de aproximadamente 26.000 prisioneros), y 1980-82, en un lindo pueblo costero de Northumberland, cuando el hombre al fin se casa y su esposa le ayuda a decir lo que hasta entonces había sufrido en silencio. Luego vendría el paso decisivo.
Junto al actual puente sobre el rio Kwai, Eric Lomax se encontraría con Takashi Nagase, "un hombre desecho que no paraba de estremecerse y sollozar pidiendo disculpas", según cuenta en su libro. Desde años atrás, Nagase iba buscando a sus ex prisioneros, para disculparse. La película se conocerá en el mercado hispanohablante bajo el título "Un largo viaje". "Me gusta, es mejor que el original", bendijo el director Jonathan Teplitzky, lamentando que Lomax hubiera muerto cuando la película recién estaba en rodaje, tras quince años de prórrogas por razones presupuestarias. "Ya tenía distrofia muscular, y 93 años", explicó Patricia Lomax, su viuda, de 76. Y explicó también algunas cosas profundas, o terribles, y otras graciosas.
"En 1945 nadie quería recordar las penurias, los Aliados estaban borrachos de gloria. El stress de los veteranos de guerra no se trató. Nunca se trata. Se quedan solos, con el recuerdo de las cosas horribles que vieron. Mi marido decía que las heridas del cuerpo se curan más o menos rápido, pero las heridas de la mente obligan a un viaje muy largo. Además, el recuerdo de las torturas es espantoso. Las palabras no te dan una idea. Y muchas cosas que él sufrió no están en la película porque si estuvieran nadie iría a verla. Después de la reconciliación él trabajó en un instituto para recuperación de torturados. Y cuando publicó su libro, muchos otros veteranos sintieron que al fin tenían permiso para poder hablar. Así lo comentaron varios médicos".
"El perdón no es algo que surge de la noche a la mañana", siguió. "Pero él fue sintiendo que el odio era inconducente. No podía dañar a las personas que odiaba, sino a sí mismo. Una vez, mirando las tumbas de uno de los cementerios de Kanchanaburi, le pregunté si estábamos siendo leales a todos esos jóvenes que hay allí enterrados. Mi marido se dio vuelta y me dijo que en algún momento el odio se tenía que acabar. Cuando se encontró con Sanage empezó a sentirse en paz. Con el tiempo los dos matrimonios nos hicimos relativamente amigos. Ahora el señor y la señora Sanage murieron, Eric también murió. Sus últimos años fueron en paz".
"Es posible pasar y seguir adelante, sea lo que sea que atravesemos en la vida, si estás dispuesto a soltarte del pasado. No íbamos demasiado al cine. No estábamos al tanto de quiénes son las estrellas de ahora. Un día, mi marido tomó su diario favorito, el 'Daily Telegraph', y en la tapa estaba Colin Firth diciendo que protagonizaría esta película. Mi marido dijo 'caramba, parece que hemos conseguido alguien famoso'. Lo nuestro no fue un flechazo como se muestra en la película. No diría que vivimos un amor apasionado. Al conocerlo simplemente percibí que ese hombre sería importante en mi vida. El amor vino después. El resto está bastante parecido a la realidad, salvo que yo vestía mucho mejor que Nicole Kidman. Pero ella no tiene 76 años y eso ayuda mucho". Por personalidades como ésta, aunque no sea una estrella, un festival vale la pena.
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