24 de octubre 2005 - 00:00
"Dior fue el deseo y Chanel el poder"
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Jorge Ferrari: «Yo
relaciono a Sartre
y a los
existencialistas
con lo nocturno, y
a Dior con lo
luminoso, lo
confortable, el
buen tono, los
colores suaves.
Fue el Watteau
de la moda».
Periodista: ¿Cómo armó este espectáculo?
Jorge Ferrari: Todos los textos fueron extraídos de su autobiografía. El que habla es Dior con todas sus contradicciones. Dice, por ejemplo, que le gustan las cosas tranquilas y muy íntimas, que le desagrada el ruido; pero por otro lado menciona varias fiestas y afirma que su recuerdo más maravilloso es el de un gran baile en un palacio veneciano. Yo hice un collage pegando y seleccionando sus palabras intencionalmente, sin ninguna ingenuidad, y armé once escenas porque él sólo hizo once temporadas.
P.: ¿Quién cree usted que tuvo más influencia en su tiempo, Dior o Coco Chanel?
J.F.: Chanel creó a la mujer moderna, son los años '20, y Dior es quien inauguró los años '50, los de la segunda post guerra. Quiso volver a la Belle Epoque, mientras que Chanel la rechazó de plano. Dior es más reaccionario y así se autodefinió; pero nosotros interpretamos que él reaccionó contra la pobreza, el racionamiento, el deterioro, todo lo que la guerra trajo aparejado. Dior es la reivindicación del lujo y de lo superfluo, es la recuperación de la mujer como objeto de deseo, la mujer-flor, absolutamente femenina en todos sus detalles. Es una mujer dedicada a gustar, en cambio Chanel creó una mujer dedicada a tomar el mundo por asalto. Son dos concepciones totalmente distintas.
P.: Curiosamente, la fama de Dior dependió del mercado norteamericano...
P.: También se dijo que hizo de la moda un arte.
J.F.: Sí, pero no fue el primero, ya otros lo hicieron anteriormente, por ejemplo Balenciaga, que a mi juicio fue el más grande de los diseñadores de moda. Sus propuestas siempre fueron más allá de lo glamoroso y eran más artísticas en lo conceptual. A mí me encanta Dior, pero en cierto modo es la reivindicación del gusto burgués. Tiene una mirada muy proustiana, esa búsqueda de un tiempo perdido, de un mundo más confiable y seguro. El vivió el cimbronazo mundial de 1929, su familia quebró y la pasó muy mal; por eso la escena final de la obra remite a un recuerdo de infancia, en donde creo que aparece la justificación de toda su carrera.
J.F.: Sí. Para mí un diseñador de moda siempre dibuja los vestidos de su mamá.
P.: A diferencia de lo que ocurre hoy, en la época de Dior las modelos ocupaban un discreto segundo plano.
J.F.: Eran importantes para el diseñador en tanto que cada una podía llevar determinados vestidos mejor que otras. Lo contrario de lo que pasa ahora. En los desfiles de moda de Buenos Aires se pasa cualquier cosa, una bombacha, un vestido de noche... porque lo que se vende son las modelos, el show de ver pasar mujeres hermosas medio en bolas. Hoy la moda quedó desplazada por las modelos algo con lo que estoy en completo desacuerdo. Si quieren ver mujeres hermosas que hagan una revista o un espectáculo teatral.
P.: Volviendo a Dior ¿qué tomó de su vida privada?
J.F.: No quise poner absolutamente nada. Yo conozco muy bien su vida porque leí varias biografías y sé el nombre de sus amantes, pero son datos demasiado anécdoticos que no hacen a la esencia del personaje. Me parecía más interesante tomar su propio discurso con lo que éste revela y oculta. Y lo que más me gustó fue tomar un mundo tan dominado por la imagen como es el mundo de la moda y hacer con él un espectáculo de texto.
P.: ¿Y cómo se lleva con el papel de director?
J.F.: Esta primer experiencia de dirección fue muy deseada por mí y me sorprendió la naturalidad con que fui resolviendo la puesta. Además, el universo de Dior me resulta muy conocido. Sé cuáles fueron sus costumbres y puedo entender qué significa para él cada imagen y cada objeto.
Entrevista de Patricia Espinosa


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