Diseño de joyas: de objeto ornamental a obra de arte

Espectáculos

Como parte de las actividades de la X Bienal Internacional de Arquitectura de Buenos Aires BA/05, se realizará el concurso «Joyas: piezas de diseño», convocado por el CAYC y Giovanna di Firenze. El origen de esta empresa fue en Florencia hace cuarenta años, cuando su director León Szalkowicz aprendió y se inspiró en la creatividad de esta importante diseñadora florentina.

La joya (del latín jocus: juego, objeto placentero) se vincula con la estética de la ornamentación personal. Pero no es sólo un adorno sino un hecho estético y, como tal, expresión de la cultura y la creación humana. «Sería demasiado fácil y obvio asociar la idea de joya con las tendencias de nuestra sociedad de consumo: afirmar que representa y simboliza sólo el anhelo hedonista y de exhibición. En realidad la razón de ser de la joya es mucho más compleja y con causas más profundas. El hombre ha sentido siempre la necesidad de adornar su propio cuerpo, de cubrir y más que con ropas, con signos, con amuletos, con emblemas.», escribió el crítico Gillo Dorfles en su texto para «Oro de Autor».

El libro publicado en ocasión de la muestra de la colección pública de la joya moderna del Centro Affari e Promozioni de Arezzo, en 1995, en el Museo de Bellas Artes, con la participaron de reconocidos artistas y diseñadores, entre otros, los arquitectos Andrea Branzi, Alessandro Mendini, Ettore Sottsass (Italia), Líbero Badii, Marta Minujin, Luis Felipe Noé, y los arquitectos Luis Benedit, Juan Pfeifer, Carlos Sallaberry, Santiago Sánchez Elía y Clorindo Testa, entre los argentinos.

La milenaria historia de las alhajas y los ornamentos creados por el hombre es una historia cultural inapreciable de la simbolización mágica, mítica, religiosa y social de la humanidad. Desde que el hombre superó sus necesidades inmediatas, empezó a preguntarse por sí y por el mundo. Por un lado, temeroso ante lo desconocido, quiso conjurarlo a través de objetos y rituales; por otro, seguro de su importancia, buscó destacarla mediante señales, corpóreas (tatuaje) y externas (collares de dientes de animales, trofeos de plumas, aros), que dieron origen al arte de la ornamentación cultual y laica. Aquellos artistas que pintaban el interior de las cavernas, esculpían en piedra las estatuillas de la fecundidad, y elaboraban armas, vasos y brazaletes de sílice, hueso o madera. Al pintor, el escultor y el diseñador prehistóricos ha de unirse, con la aparición de las ciudades, el arquitecto de los palacios, los monumentos y las tumbas.

• Salto evolutivo

La Edad de los Metales, a partir del quinto milenio anterior a la era cristiana, supuso un importante salto en la evolución de la humanidad y, desde luego, en sus artes. En cuanto al ornato personal, cambia de soporte: luego es el cobre y el bronce, el oro y la plata. La metalurgia avanza en el cuarto milenio con el descubrimiento de la fundición. Las antiguas civilizaciones mesopotámicas desarrollaron las primeras modalidades de la orfebrería, pero, como es notorio, será el Egipto del tercer milenio donde este arte ha de lelosvantar el vuelo definitivo. Las piedras preciosas se suman a los metales. De entonces a hoy, su presencia ha sido continua, más allá de las variaciones técnicas o estéticas y, ciertamente, sociales. Pero también filosóficas, mágicas, religiosas: aun en nuestro tiempo, las alhajas conservan, en muchos casos, la huella de antiguas creencias y supersticiones.

Thomas Sokolowski
, ex director de la Galería de Arte de la Universidad de Nueva York y curador del Museo Andy Warhol, recupera una antigua máxima anónima en sánscrito que dice «Aquellos que llevan adornos de oro viven en las moradas de los reyes», concepción del alma en la que subyace la promesa de que un toque de luz puede prolongar la existencia mortal. Las gemas se utilizaron como amuletos mucho antes que con fines de adorno. Los griegos sostenían que si se ataba un ágata a cada uno de los cuernos de los bueyes de labranza, la cosecha sería mayor. La amatista lleva este nombre -que en griego significa «no ebrio»- porque, según las creencias, mantenía sobrio a quien la llevara consigo. Uno de los destinos que daban los aztecas al jade, que tallaban con inusitada pericia, era su colocación en la boca de los muertos para que la gema reemplazara al corazón inmóvil. Los cascabeles de oro fabricados por los mayas tenían la misión de anunciar el paso del dios de la muerte para anunciar su llegada. Los incas, como los egipcios, entendían que el oro derivaba del Sol, y que la plata era un producto lunar.

Conocido es el pasaje bíblico del Becerro de Oro (Exodo, XXXII). Ignorantes de la suerte de
Moisés, que había subido al Sinaí, judíos le pidieron a Aarón que les creara un dios. Aarón tomó entonces los pendientes de oro que llevaban las mujeres, hizo un molde y fundió un becerro, al que todos reconocieron como el Dios de Israel y le brindaron culto y sacrificios.

El propósito de la alquimia fue obtener oro y plata por medio de la transmutación de metales inferiores. Y en la alquimia se anudaron conceptos filosóficos y religiosos, así como razones científicas y artísticas. Un siglo antes de la era cristiana, los primeros alquimistas egipcios fueron los orfebres que elaboraban bijutería para las clases medias, imitando el oro y la plata. Hacia la misma época, los alquimistas chinos hallaron una sustancia capaz de realizar la transmutación de los metales, y creyeron que el oro así logrado tenía poderes curativos y prolongaba la vida del hombre. Una de las leyendas que más desvelaron a los conquistadores españoles en América fue la referida a la Ciudad de los Césares, ubicada en varios puntos de la actual Argentina. Es cierto que los conquistadores buscaban esta imaginaria ciudad por su riqueza en oro, plata y piedras preciosas, como lo hicieron con Eldorado (Colombia) y el Rey Blanco (Bolivia). Pero también es cierto que los atrajo, además, el mito de la vida eterna de la cual hablaban los pobladores.

Parece evidente que en estas fabulaciones anidaban las antiguas ideas de la alquimia, porque los indígenas que habitaban la Ciudad de los Césares debían su inacabable existencia y su falta de enfermedades a la gracia de los metales superiores. Pero, ocurrida esta transmutación de significados, la simbología siguió en pie: el oro, la plata y las piedras fueron ahora referentes del dominio, el Estado, la nobleza, como en las coronas, las monedas y las alhajas.

La participación en el concurso
«Joyas: piezas de diseño» está abierta a diseñadores, arquitectos y artistas. El jurado estará integrado, entre otros, además de Szalkowicz, por Rinio Bruttomesso del Instituto de Arquitectura de Venecia, Enrique Cordeyro, Juan Carlos Fervenza, Carlos Mariani, Carlos Sallaberry, Jorge Turjanski y Marcela Rottgardt. Los participantes podrán entregar hasta cinco bocetos sobre cartulina blanca de 0.50 (alto) x 0.35 (ancho). La inscripción y entrega de los bocetos se realizará en Florida 834, hasta el 10 de septiembre.

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