El 11 de septiembre de 2001, cuando recibió el impacto de la noticia que conmocionó al mundo, Hernán Dompé estaba conversando con Daniel Mamán y desde entonces inició la construcción de la historia que narra la muestra que presentará en esa Galería a partir del 5 de noviembre, a las 19. En el título, «Los guerreros del agua regia», el ácido que corroe a los metales, básicamente al oro, alude a la destrucción, la muerte, y simbólicamente a la corrosión del poder. En torno a las dos torres, una de mármol y otra de hierro y bronce, se desarrolla una situación que presenta una serie de quince guerreros que asechan las torres, distribuidos en cinco grupo de tres, sobre bases comunes. Están armados, con elementos pobres, en los que se mezcla madera con hierro, pero también hay pequeños insertos de otros materiales. Los guerreros son maderas quemadas, con restos de carbón, con una cantidad de elementos que a veces han sido encontrados y en otras elegidos a propósito por el artista.
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El tópico de las armas se vincula con algún cuchillo, lanza o guadaña. Se distinguen restos de sandalias, pinchos que laceran, en situación de estar torturando o retirándose, y elementos relacionados con la música, como arcos de violines. Por fuera de la representación de esta historia, hay dos barcos de grandes dimensiones que remiten a las naves mortuorias del último viaje. Las barcas que transportan víctimas y bajas de las batallas y las guerras. La alusión es abierta, pueden ser barcos egipcios, vikingos; son muchas las tradiciones culturales que recurrían a los barcos para despedir a los muertos. En uno de ellos, se distingue una figura femenina carcomida, con un rayo que la envuelve.
Contornos de cuerpos lacerados que tienen que ver con la lucha en la guerra, con personajes que custodian situaciones fúnebres. También un barco de menor tamaño de granito negro, material elegido por Dompé por la seducción que le produjo, al pulir la piedra, al aparecer luces azules en su interior.
Otros dos mármoles blancos de tamaño humano, se relacionan directamente con la temática precolombina. A partir de ahí empiezan a aparecer formas que pueden relacionarse con los cerros del Norte argentino. Los dos títulos «Guardiana de los pájaros» y el otro «Guardián de los cerros», tienen que ver con leyendas y personajes de historias populares.
El conjunto de las obras presentadas podría reconstruir un posible mapa o contorno de un lugar, la isla de Manhattan, donde el centro serían las torres y los barcos podrían estar en los dos ríos. «Las cosas más espantosas se pueden hacer de la manera más bellas. Yo trato de mantener mi estética», dice Dompé. El arte ha unido a los seres humanos desde que nuestros antecesores pintaron las cavernas de Altamira y de Lascaux, veintidós mil años atrás; ha sobrevivido al tiempo, a las luchas y a las divisiones de los hombres; ha transformado al mundo, pero en verdad, ése es su papel. Si hay un poder disuasivo en nuestro universo, ese poder reside en la música, la pintura, el teatro, la novela, el cine, la arquitectura, la poesía, la danza, la escultura. Las artes son el denominador común más alto de la especie humana, su inagotable yacimiento de concordia, y esta muestra de Dompé a raíz del 11 de setiembre es una representativa prueba de ello.
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