«Un lugar, un sueño...». Marilina Ross y Sandra Mihanovich. Con W. Nebreda (piano y teclados), J. Losoviz (bajo) y O. Giunta (batería). Puesta y operación de sonido: O. Mahler. Textos y dir.: M. Ross. Dir. artística: L. Patalano y J. Bocca. (Teatro Maipo. Del 6 al 9/12. Repite 14 y 15/12).
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Centrado en el histrionismo de Marilina Ross y la capacidad vocal y la espontaneidad de Sandra Mihanovich, el show que las reúne por primera vez está salpicado de anécdotas personales teatralizadas, y bastante humor. Interactuando siempre más entre ellas que con el público -cuyas exclamaciones sirven de pie a algún que otro chiste-, hay momentos «privados» de cada una y otros para la actuación conjunta.
Funcionan bien como dúo, lo cual es explotado desde el juego vocal, hasta la puesta en escena y el diseño de vestuario. En sillas al principio, en banquetas después, enfrentadas, de espaldas, juntas en el centro o ubicadas en puntos opuestos del escenario, buscan el complemento permanente. En rigor, Sandra Mihanovich tiene mayor protagonismo en lo eminentemente musical, mientras Marilina Ross la observa desde su posición y aporta su cuota de melancolía o de humor, según lo que requiera el tema.
Se aplauden mutuamente, se elogian, parecen disfrutar del show. En el inicio de la función que presenciamos, Marilina Ross confesó: «Yo soy su fan más grande», mientras Mihanovich hacía que se sonrojaba; «Llevame a conocer ese lugar», le pidió luego Ross a su compañera como preludio del infaltable «Puerto Pollensa». También hay una especie de entrevista en la que Mihanovich debe dar detalles de una carrera que su público conoce sobradamente. Y esa lógica se extiende a lo largo de todo el espectáculo: ofrecen a sus fans aquello que fueron a buscar: un recorrido por los mayores éxitos de ambas, en versiones enriquecidas por arreglos destinados a destacar el contrapunto de sus voces.
Pero el público no sólo corea «Soles» o «María, María», sino que ve en pantalla el famoso comercial de cigarrillos con el que Sandra grabó su primera canción, «descubre» a la Marilina niña, adolescente y adulta en un video en blanco y negro, al compás de «Fotos mías», y se encuentra con algunas sorpresas. A saber: una Mihanovich hablando como una nena de cinco años que hasta se pasea por el escenario en monopatín; una Ross vestida de cubana con postizos en las caderas y bailando al ritmo de los tambores y hasta un sketch final donde ambas terminan disfrazadas con boas, collares y pelucas para entonar el tema «Una mujer».
Entre el público predominantemente femenino, en grupo o en parejas -que acompañaba con suspiros las introducciones de «Vuele bajo», «Con las alas del alma» o «Todo me recuerda» pero también ovacionaba y hasta bailaba temas más modernos como «Blues para seguir», del último disco de Ross-, esa noche se pudo ver a varios invitados famosos. Para empezar, estaba lógicamente, Mónica Cahen D'Anvers, que se meneó delicadamente durante todo el show pero se soltó y perdió todo pudor con «Sobrevivientes» (que su hija, Sandra, presentó como una «canción que está próxima a convertirse en el himno nacional de los argentinos», y fue interpretada en versión acústica, con un tono melancólico y en sintonía con el clima que se respiraba puertas afuera del teatro). Fabián De Santo y su mujer corearon y saltaron con espíritu futbolero al oír «María, María». Alberto Migré pareció disfrutar especialmente «Casi sin querer»; y, más modositos, acompañaban Andrés Percivalle, Diana Ingro, Marcela Lopez Rey y Silvina Chediek, entre otros.
Hacia el final, hubo brindis con champagne, a media luz, un abrazo entre ambas cantantes y el tema «Cuatro estrofas». El show evidentemente gustó a su público, como para que a las funciones programadas para el fin de semana que pasó se le hayan agregado otras dos el viernes y sábado próximos.
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