7 de junio 2002 - 00:00

Eficaz farsa de Aleandro

Eficaz farsa de Aleandro
«De rigurosa etiqueta». Libro y dir.: N. Aleandro. Int.: S. Bosco, O. Ferrigno, F. Mirás, C. Peleritti, C. Portaluppi y C. Tolcachir. Mús. orig.: F. Marrale. Vest.: R. Schussheim. Ambientación: M. Risdon. Luces: O. Possemato. (Teatro Payró).

R eunido en un ambiente frívolo y de gran ostentación, un grupo de invitados -todos ellos relacionados con el poder- compiten entre sí haciendo valer su posición social y económica con total impunidad. Se trata de un senador, una pareja de publicistas, un ex embajador sospechado de actividades non sanctas y una dama de doble apellido cuya tontera estimulará las tendencias sádicas del resto hasta convertirla en una de sus víctimas. Algo que también sucederá con uno de los mozos del servicio de catering, sometido a las peores torturas.

«De rigurosa etiqueta» es una comedia farsesca y macabra, que tiene a su favor la acertada pintura de sus personajes y una notable fluidez para enlazar las situaciones más disparatadas rodeándolas de una rica y sugerente teatralidad. Sus diálogos -rebosantes de ingenio y picardía-dan cuenta de una Argentina carente de valores y con una indeclinable tendencia al triunfalismo, la figuración y al autoengaño, este último reflejado en la permanente insistencia de los protagonistas en definirse como «europeos exilados».

La obra sigue los lineamientos de la comedia inglesa del absurdo, un género al que Norma Aleandro ha demostrado ser muy afecta, como actriz y como directora. Cabe recordar que entre sus primeros trabajos de dirección figura «Lo que vio el mayordomo», una farsa de Joe Orton cuya crueldad y extravagancia encuentra buenos equivalentes aquí.

Por otra parte, la habilidad de Aleandro para convertir cualquier simple incidente o desliz del lenguaje en un situación sórdida e inexplicable tiene otro importante referente en el dramaturgo norteamericano Edward Albee. Sin ir más lejos, su pieza «El juego del bebé» (la misma que la actriz protagonizó el año pasado en el Maipo) también introduce a sus personajes en «la banalidad del mal».

Como directora, Norma Aleandro construyó episodios muy logrados como el de la sangrienta operación con sacacorchos (de un humor negro digno de los Monty Python) o las simpáticas escenas de tango jugadas por el mozo cómplice y servil ( Oscar Ferrigno) y la pareja de publicitarios ( Carolina Peleritti y Claudio Tolcachir). Carlos Portaluppi (el político corrupto) es quien mejor partido saca de su papel y aunque el resto de los intérpretes no desentona, a veces no alcanzan a transmitir los sinuosos matices de sus personajes.

El descubrimiento de una supuesta cámara oculta que los involucra a todos en una suerte de reality show da pie a una de las escenas más divertidas de la obra. Pero, ésta se vuelve algo pretenciosa cuando la autora, en lugar de confiar en la efectividad de estos vigorosos pasos de comedia insiste en resaltar la metáfora político-social.

Por otra parte, la estrafalaria escena final, un delirio colectivo que deriva en el nacimiento de un extraño ser (símbolo, quizás, de esta etapa involutiva a la que parece encaminarse nuestro país) no hace más que atentar contra la coherencia interna de la obra, dejando en el camino otros ricos conflictos sin desarrollar.

Aún así,
«De rigurosa etiqueta» es un espectáculo audaz y de gran calidad que logra entretener al espectador e incluso sacarlo de su pasividad complaciente.

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