13 de abril 2000 - 00:00

"EL CAMINO DEL SAMURAI"

D esde que se hizo conocer en todo el mundo con «Stranger than Paradise», Jim Jarmusch no ha dejado de hacer películas únicas, totalmente personales y distintas de casi todo lo que se filma dentro o fuera de Hollywood.
El público argentino se viene perdiendo de ver en cine sus dos films anteriores, el western «Dead Man» y el documental con Neil Young, « Year of the horse» pero por suerte el rápido estreno de « El camino del samurai» sirve para retomar contacto con un director independiente no sólo de los grandes estudios sino también de los estilos y temas de moda.
En esta nueva película
Jarmusch demuestra que mantiene intacto todo su talento, y que también sigue pasando de todo, concentrado en su particular manera de contar historias y de filmar los Estados Unidos con un vuelo imaginativo y una autenticidad difícil de encontrar en la obra de otros directores. Uno de los pocos realizadores americanos de las últimas décadas que a veces consigue algo parecido es Abel Ferrara, y de hecho en «El camino del samurai» Jarmusch se ubica a su lado no sólo en tema sino también en la utilización de dos actores que ya han colaborado con el autor de «Un maldito policía», Forest Whitaker y Victor Argo.
Whitaker es «ghost dog» («perro fantasma»), un extraño e implacable asesino a sueldo de la mafia que vive rodeado de palo-mas mensajeras única manera de contactarlo y obsesionado por seguir el código del samurai. Cuando la organización se le vuelve en contra, el protagonista decide enfrentarla, aunque sin dejar de mantener el respeto que todo samurai debe tener por su maestro, a pesar de que en este caso sea un gángster italiano de poca monta. Mezcla de policial con comedia negra al borde del surrealismo, «El camino del samurai» es un lunático juego de choque cultural: las referencias a « Rashomon» de Kurosawa se entrecruzan con Betty Boop y el Pájaro Loco, el cine negro de Samuel Fuller, más el hip hop y la cultura urbana. Fotografiada por el talentoso Robby Muller, la película tiene una imagen simple, casi minimalista, que sirve para recordar que las buenas películas no necesitan de ningún tipo de parafernalia, más allá de algún fundido encadenado para las escenas oníricas o un sepia para un flashback.

 Estilo

Tanto en su faceta de policial como en la de comedia absurda la película funciona excelentemente, con intempestivos arranques violentos y diálogos crudos y divertidos que enganchan a la perfección con momentos dramáticos que de todos modos siempre permanecen al borde de la ironía.
Con una actuación tan demente como el conjunto general,
Forest Whitaker termina por lucir muy convincente como el asesino samurai que hace todo tipo de movimientos bobos y reverencias al guardar su arma luego de masacrar gente. Pero el detalle más increíble del reparto es el eterno villano Henry Silva, interpretando al único gángster capaz de apreciar la «poesía de la guerra» de su adversario.

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