26 de octubre 2026 - 19:45

El cine en celuloide resiste con libros, películas restauradas y un festival de Super 8

En la semana del Día Mundial del Patrimonio Audiovisual, archivos públicos y privados impulsan encuentros para preservar el cine en fílmico. Además, la Sala Lugones exhibirá dos clásicos nacionales restaurados, se presentó una revista dedicada al celuloide y Pablo César publicó sus memorias sobre rodajes en África, la India y otros destinos.

Se presentarán películas restauradas, una revista del celuloide y memorias de rodajes.

Se presentarán películas restauradas, una revista del celuloide y memorias de rodajes.

Coinciden en estos días la presentación de un valioso libro con memoria de rodajes argentinos en África y la India, un programa de películas restauradas, una muestra en recuerdo de dos autores singulares de los ' 80, la aparición de una revista dedicada al soporte fílmico, el anuncio de la nueva edición de un festival internacional de obras en Super 8 y una jornada de especialistas de diversos archivos públicos y privados atentos a la buena salud del cine en celuloide. Y es que el celuloide todavía logra mejores resultados y dura mucho más que cualquIer formato digital. Pero pocos lo usan actualmente.

Se celebra mañana martes el Día Mundial del Patrimonio Audiovisual, proclamado hace ya once años por la Unesco. Por eso desde este lunes de mañana se han reunido representantes de archivos públicos, como la Cinemateca del Incaa y el recientemente inaugurado Archivo Audiovisual de Avellaneda, y archivos privados, como la histórica

Cinemateca Argentina y la Cinemateca Vida, entre varios otros. Se intercambian experiencias, se perfila una red de entidades afines, cada cual muestra parte de sus tesoros. Una de las reuniones lleva un titulo concreto y convocante: "Lo posible, lo ideal y lo urgente". Porque pocos tienen el presupuesto necesario.

También este lunes de mañana se anunció oficialmente la tercera edición del Festival Internacional de Cine Infinito Super 8, que se desarrollará del 22 al 29 de noviembre en media docena de lugares, desde la Casa del Bicentenario hasta el atelier Paula Pallejero, con 20 títulos en competencia, diversos rescates, talleres gratuitos, una muestra de instalaciones fílmicas, otra de cine fantástico y de terror, publicaciones y espacios dedicados a figuras como Jorge Honik y Claudio Caldini (más de 50 años en el cine experimental argentino), los brasileros Moira Lacowicz y Torcuato Neto, la colombiana Ana Bravo- Pérez, la mexicana Elena Pardo y, entre otros, el director de fotografía Julio Fermepin.

Otro director de fotografía, el maestro Félix Monti, dará más adelante, el 18 de noviembre en la Enerc, una charla pública sobre el rodaje de "Tangos, el exilio de Gardel" y "Sur", con proyección de esta película en copia de 35 mm., algo que las nuevas generaciones nunca han visto. Este encuentro forma parte de una muestra en memoria de dos creadores muy singulares, Pino Solanas, que hubiera cumplido 90 años, y Jorge Polaco, que hubiera cumplido 80. A cada uno se le ha dedicado una exposición igualmente singular, muy representativa, y cada viernes un encuentro de conocedores con proyección posterior en 35 mm, todo con entrada libre y gratuita. La muestra tiene un título muy adecuado: "Solanas. Polaco. Poética de la disrupción", ya que ambos, cada cual a su manera y con distinta mirada, aportaron modos inhabituales de expresar cosas entrañablemente argentinas.

El miércoles, adhiriendo con un día de atraso a la propuesta de la Unesco, la Sala Lugones presentará dos películas nacionales bien restauradas: "Las furias", de Vasta Lah, con Mecha Ortiz, Olga Zubarry, Aída Luz, Elsa Daniel, Alba Mugica (1960, todas contra un hombre fracasado), primera película sonora argentina dirigida por una mujer, ahora restaurada por Gotika y Cinemateca Argentina, y el suceso campero "Lo que le pasó a Reynoso", de Leopoldo Torres Ríos, con Floren Delbene, Enrique Muiño, Pola Alonso, Francisco Alvarez y una jovencita y tentadora Egle Martin, con fotografía de Pablo Tabernero y Gumer Barreiro (1955), primer largometraje en colores de nuestro cine, restaurado años atrás a partir de un negativo original que conservaba Cinemateca Argentina. Un detalle, tan emotivo como la película: quien se ocupó de la restauración, en su propio laboratorio, fue el director de fotografía Juan José Stagnaro, y lo hizo prácticamente a pulmón, en memoria de su maestro Tabernero. Esa copia restaurada a nuevo solo se vio en el desaparecido festival Pantalla Pinamar y en una función poco y nada difundida de Sala Lugones, que ahora la exhibe como corresponde.

Revista y libro

Cada tanto aparece por aquí una nueva revista de cine. Ahora nació "Materia fílmica", específicamente "dedicada al cine fotoquímico en todos sus formatos y posibilidades", según define su director Jorge Doncel, que agrega en su editorial "lejos de desaparecer ante el predominio de las tecnologías digitales, la película continúa viva. En distintas partes del mundo crece nuevamente el interés por filmar en 8 mm, Super 8 mm, 16 mm, 35 mm y 65 mm; nuevas generaciones descubren esos formatos y numerosos cineastas continúan eligiendolos como parte esencial de su lenguaje". Bien editada, el primer número tiene un par de conversaciones sobre la forma de trabajar con el celuloide, el análisis de una cámara y varias entrevistas. En su redacción participan Pablo Pecora, conductor del antedicho festival de cine en Super 8, y Pablo César, un verdadero talibán del fílmico, desde sus comienzos cuando adolescente con una camarita que le regaló un hermano hasta su trayectoria profesional, que por el momento ha culminado con una película en 35 mm filmada en el País Vasco y estrenada en Biarritz.

César, precisamente, acaba de publicar la primera parte de sus memorias, un libro de 330 páginas, tapa dura, de abundantes ilustraciones y título llamativo: "A través de los desiertos. Diario de filmación en mundos invisibles". Y es que el hombre ha filmado en los lugares más perdidos y fascinantes de Túnez, Mali, Benín, Angola, Etiopía y la India, y también en Formosa e Isla Maciel, "mundos invisibles" para muchos pero llenos de riqueza cultural y estética para sus ojos. Así es como cuenta variadas anécdotas de filmación, descubrimientos notables que lo hacen reclamar por más coproducciones con países del otrora llamado Tercer Mundo, encuentros y desencuentros con sucesivos conductores del Incaa, recuerdos de Ernesto Sábato, Luis Alberto Spinetta y las jornadas de superochistas en Villa Gesell que desafiaban a su manera las amenazas del gobierno militar. Reflexiona al mismo tiempo sobre las dificultades y posibilidades de filmar en nuestro país, la colonización cultural que nos envuelve, la pérdida de Cinecolor Argentina y, por supuesto, reflexiona sobre su propio cine, tan particular y arriesgado.

Lleno de asombro, agradecimientos, lecturas interesantes y cada tanto algunos ocasionales reproches, su libro llega hasta el rodaje de "Los dioses del agua", año 2014, una película de aventuras metafísicas con la que viajó desde el Pilcomayo hasta la misteriosa Aksum de los últimos sabios de Etiopía. Ya vendrá un segundo tomo. Pero seguirá sin respuesta el saber de dónde, desde chico, le interesaba tanto el África. Quizás la clave resida en una foto de su padre en un lugar desconocido, con un elefante a sus espaldas. El padre murió cuando él era muy niño, y la imagen quedó envuelta en el misterio.

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