París -(11/01/2001) Corto Maltés, el mítico aventurero salido del cerebro y la mano de Hugo Pratt, se dispone a vivir una nueva y peligrosa pesadilla: el salto del comic al cine, sufrir la prueba de fuego de una película de dibujos animados, contando la historia de uno de sus viajes a Siberia.
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No es casual que esto ocurra en Francia, país que tiene especial interés por el género «literatura dibujada» y, especialmente, por los denominados «comics de culto», compitiendo en publicaciones con los excesos editoriales de los «manga» japoneses. Entre las «historietas de culto» la serie de Corto Maltés ocupa, sin temor a equivocarse, el lugar principal.
El cineasta Pascal Morelli, que ya produjo para televisión las aventuras de otra heroína dibujada, Calamity Jane, se dispone a filmar en dibujos animados «Corto Maltés en Siberia». Richard Berry, Patrick Bouchitey y Marie Trintignant pondrán la voz a las figuras emblemáticas de Corto, Rasputín y La duquesa embarcado en un tren cargado de oro, que atraviesa Siberia transformado en fortaleza de hierro.
Corto deberá combatir contra un siniestro rosario de riesgos: una banda de aristócratas corruptos, los tentáculos de las mafias chinas, un general loco, una horda de forajidos y unas misteriosas señoras de la más escultural figura.
En verdad, las aventuras cinematográficas de Corto serán una suerte de «doble» de la gran epopeya gráfica imaginada por el creador italiano Hugo Pratt. Pratt, viajero empedernido, que, entre otros países, trabajó en la Argentina, puso en su héroe muchas cosas de una especie de autobiografía espiritual.
De alguna manera, quizá sea verdad que el Jim Hawkins de «La isla del tesoro» tenga algo del adolescente Robert Louis Stevenson.
Y, de la misma manera, Corto es, un poco, la biografía íntima de Pratt, que si no vivió todas las aventuras de su héroe bien pudo soñarlas, o adueñarse de alguna imaginada por otro y hacerla propia hasta convertirla absolutamente en una aventura más de su personaje, como hizo en uno de sus libros con su «versión homenaje» de la «Historia del traidor y el héroe», de Jorge Luis Borges.
Quienes amaron tantas historias de Corto Maltés aguardan, impacientes, la incierta suerte del héroe, embarcado en una nueva y peligrosa aventura. Hasta hoy, el aventurero había salido con vida de los riesgos y peligros más inquietantes.
Le aguarda, ahora, la tentación y el riesgo más alto: deberá volver a jugarse la vida, para intentar hacer soñar, durante dos horas muy cortas. Aventura saturnal, muy semejante a la de Fausto. Muchos hombres y muchos héroes no volvieron nunca de ese viaje al infierno contemporáneo. James Bond ya llegó y descarriló con esos elementos en todas las playas solitarias de todos los continentes. Corto Maltés pertenece a otra estirpe de aventureros, los paisajes mentidos sobre la realidad que recorre inventan nuevos espacios para la imaginación, como ha sostenido reiteradamente Umberto Eco.
No en vano se educó en el misterio de una legendaria basílica veneciana, construida en secreto homenaje a los misterios de la Cábala (otra referencia, seguramente, a Borges). Curtido en los impenetrables enigmas de la Serenísima, Corto irrumpe ahora en la historia del cine, a través de una película que debiera probar la permanencia intacta del perfume con el que ya sedujo, tiempo atrás, en la tierra prometida de las primeras fábulas de Pratt.
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