«Di Tella desató una polémica interesante. Pero quien crea que a él no le interesa la cultura es porque ignora qué práctica desarrolla, qué ha hecho en su vida, qué libros ha escrito», dijo ayer a este diario el nuevo director de la Biblioteca Nacional, Elvio Vitali, refiriéndose a su superior jerárquico, y agregó, tal vez parafraseando o mejorando la boutade de Di Tella, que «el Estado no produce cultura, ayuda a que se despliegue. El Estado no debe pedir que le den, sino que lo pongan donde hay. Debe cumplir el papel de relación con el mundo de los privados, eso permite desarrollar cine, el mundo editorial y también a las bibliotecas».
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Aunque, como es habitual, los nombramientos del lunes en la Biblioteca y en el Fondo de las Artes fueron comunicados como una decisión personalizada en la figura del presidente, ya estaban de todos modos en la agenda de Torcuato Di Tella.
Aunque el lenguaraz secretario de Cultura no asistió a la asunción de los cargos (a esa hora estaba con José Pampuro y Aníbal Ibarra en el acto del Cabildo que organizó su Secretaría), a Elvio Vitali, ex dueño de la librería Gandhi, Di Tella lo convirtió en director de la Biblioteca en la nómina que Alberto Fernández entregó a Néstor Kirchner. A Javier González Fraga le había ofrecido el cargo en el Fondo Nacional de las Artes hace casi dos meses. En realidad, en el gobierno nadie esperaba que Di Tella se hiciera cargo de los pormenores de un organismo plagado de conflictos.
Confiaban en que el Secretario dictaría los lineamientos y delegaría estos asuntos en una funcionaria profesional como Magdalena Faillace (que todavía no presentó ningún plan). Esta posición coincide con los susurros que se escuchan en Cultura. «Hasta ahora, el único que desarrolló un plan de asistencia para el interior de país es el director de Patrimonio y Museos, Américo Castilla», confirman. «Pero hay personajes que llevan gastados 350.000 dólares en viajes, así es difícil hacer rendir el escaso presupuesto», agregan.
• Restricción
En su diálogo con este diario, Vitali especificó más su idea de limitar ciertos sectores de la Biblioteca sólo a investigadores, como ocurre en gran parte del mundo con organismos similares. En su proyecto, no habrá una restricción similar: «La Biblioteca debe presrtar un servicio público, pero su Tesoro es un lugar diferente, tiene otro tipo de circulación y, en esa medida, un gran sector será sólo para investigadores. Hay que recordar que la Biblioteca Nacional es la cabeza del sistema de bibliotecas nacionales del país, y el decreto 1386 de 1996 plantea claramente que su función es acrecentar, preservar, conservar, registrar, y difundir la memoria impresa de la cultura. Eso es lo que buscaremos hacer, porque ajustar a derecho es fundamental para un funcionario».
Tras los nombramientos de anteanoche a Di Tella sólo le queda por cubrir el cargo de Director de Industrias Culturales y Acción Federal de la Secretaria de Cultura de la Nación que dejó vacante el pase de Vitali a la Biblioteca Nacional. Vitali estará acompañado en su gestión por el sociólogo Horacio González, lo que invierteel estilo de las gestiones anteriores donde había una figura de la cultura al frente, como el poeta Horacio Salas, y un administrador como subdirector (con Salas estuvo Jorge Landaburu).
Sobre la gestión Salas, Vitali opinó que «tuvo muchos intentos correctos. Puso énfasis en la seguridad, que ha sido un gran problema, y eso ya es un paso dado. Ahora bien, quiero comprobar si las necesidades requieren partidas excepcionales, como pedía Salas. En ese caso iremos a pedírselas al presidente, pero sería poco serio hablar de este tema sin estar en situación».
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