23 de abril 2008 - 00:00

"El jardinero"

Daniel Auteuil y Jean Pierre Darroussin animan una historia en la que no pasa nada del otro mundo, pero dice mucho de la vida de manera sencilla, honesta y emotiva.
Daniel Auteuil y Jean Pierre Darroussin animan una historia en la que no pasa nada del otro mundo, pero dice mucho de la vida de manera sencilla, honesta y emotiva.
«El jardinero» ( Dialogue avec mon jardinier, Francia, 2008, habl. en francés). Dir.: J. Becker. Int.: D. Auteuil, J.P. Darroussin, F. Cottençon, A. Barlier, H. Abbas.

Acaso este film sea un poquito más hablado de lo habitual, pero es comprensible, ya que se basa en un libro llamado «Dialogue avec mon jardinier». Y sea también un poquito más largo de lo necesario, pero es disculpable, porque cuando va llegando el final uno tiene ganas de seguir ahí, en ese jardín, que en realidad es una huerta, junto a los personajes, porque ambos, muy agradables, amigos como corresponde, se quedan ahí, aunque cada uno de diferente modo.

Uno es pintor, tiene su taller en Paris, y, ahora que su matrimonio está terminando, vuelve a la semiolvidada casa paterna, en las afueras de un pueblito cualquiera de la región de Rhone-Alpes, vecino a la Provenza (lo que se dice, la Francia Profunda), y busca un jardinero que saque un poco los yuyos y reavive la huerta de la madre. El otro es, precisamente, jardinero. No tiene taller, su matrimonio es indiscutiblemente firme, y no vuelve a ningún lado, porque nunca salió del pueblo. Salvo, claro, para unas sencillas vacaciones anuales en la costa, con la mujer.

A propósito, él nunca se refiere a ella como «ma femme». Siempre dice «la femme». Como quien dice «la patrona», con el debido y cariñoso respeto, y marcación de distancia, para que nadie quiera saber más de la cuenta. Pero del resto del pueblo, bueno, se puede hablar, y habla, haciendo, con gracia provinciana, retratos de un solo trazo. Y de pintura también se habla, cada cual con sus gustos y desde su lugar. El único que saldrá mal parado, en una escena bien regocijante, es un elevado crítico de arte, uno de esos sofistas de moda, a quien el pintor desenmascara con una simple enseñanza que le dio el jardinero. Que tampoco es un hombre sabio, sólo es alguien con sentido común y principios básicos, los cuales sabe honrar y mantener. Uno de esos principios es la discreción de sus propios dolores. Aceptó ser ferroviario toda la vida, está orgulloso y agradecido por ello, pero ahora se dedica a la huerta, que era su vocación, y se dedica aunque últimamente el cuerpo lo acompañe mal. Por su parte, el otro rechazó su destino farmacéutico, tomó los pinceles, y recién de grande descubrió que el padre hubiera querido hacer lo mismo, pero puso la familia en primer término. Son cosas que pasan. Y acá no pasa nada del otro mundo, y los únicos momentos de suspenso y peligro son con un perrito que sale a torear la moto, y un pez que lucha por su vida contra el pescador que intenta sacarlo. Y el pescador se despide del pez, pero eso hay que verlo, porque es un momento hermoso, que con palabras sencillas dice mucho,de la vida, de las despedidas,de la verdadera hombría. Daniel Auteuil («El placard», «Caché») es el pintor. Jean-Pierre Darroussin, una suerte de Omero Antonutti joven, el jardinero. Ambos actúan a la manera antigua, pero es lo que corresponde al estilo de la obra. Fanny Cottençon, Alexia Barlier, la futura ex mujer y la futura ex amante del pintor. Hiam Abbas («La novia siria»), en breve aparición, es la mujer para siempre del jardinero. El director es Jean Becker, el mismo de «La fortuna de vivir» (Les enfants du marais), que era «más película», seguramente, pero «El jardinero» también tiene lo suyo. Y lo tiene de un modo simple, honesto, limpiamente emotivo. Vale la pena.

P.S.

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