"EL MAJESTIC"

Espectáculos

«El Majestic» (The Majestic, EE.UU,. 2001, habl. en inglés). Dir.: F. Darabont. Guión: M. Sloane. Int.: J. Carrey, M. Landau, D. Ogden Stiers, J. Withmore, L. Holden.

Comedia dramática algo alargada, pero interesante y finalmente emotiva, esta obra se propone dos veces una misma pregunta, típica de las mentes creativas: ¿qué tal si...?

La primera y principal, ¿qué tal si en una época de psicosis colectiva alguien se planta y dice sus sencillas verdades sobre la democracia y la dignidad americanas? Para el caso, la historia se ambienta en 1951. Allí, mientras en Hollywood los cazadores de brujas creen que un libretista de cuarta, que para colmo ha quedado amnésico, es un peligroso subversivo, en un pueblo vecino lo creen un auténtico héroe de guerra, que ha vuelto al hogar tras nueve años perdido vaya a saber dónde.

Como él -ya dijimos- está amnésico, acepta lo que otros dicen. Y lleva adelante varias empresas. Por ejemplo, reabrir el cine de quien cree ser su padre (
Martin Landau, maestro), impulsar la instalación de un monumento en memoria de otros hijos del pueblo, que nunca volvieron, y ponerse «otra vez» de novio. La chica ( Laurie Holden) lo acepta gustosa, aunque en el fondo tenga sus dudas. La mayor empresa será, sin embargo, entender quién es, y enfrentar las acusaciones, acusando. Es decir, reviviendo la antigua, hermosa, eterna fábula de un Hollywood más viejo, el de los '30, cuando Frank Capra y James Stewart hicieron su propia versión del New Deal en «Caballero sin espada», aquella del hombre común, honrado e idealista, que enfrenta a los corruptos encallecidos del Congreso.

Ilusión

Frank Darabont y Jim Carrey hicieron algo en esa misma línea (agregando también algún concepto de «¡Qué bello es vivir!»), aunque, claro, menos simple, con un toquecito de cinismo que relativiza el triunfo. Igual es una fábula, por tanto algo dulce, y un poquito irreal, como corresponde, ya que el cine también es ilusión, y consuelo. El cine es (no sólo para ellos) como la vida debiera ser.

Y aquí, la segunda aplicación de la pregunta: ¿qué tal si...Jim
Carrey deja de ser cómico? A riesgo de perder fama y fortuna, Carrey está probando otras cuerdas actorales. Y, la verdad, es bueno. De antología, la última escena que tiene con Martin Landau. Atractivos adicionales, la música estilo Benny Goodman, y un alcalde, el veterano Jeffrey DeMunn, igualito a Ruckauf.

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