Dos chicas adolescentes, en pleno desarrollo sexual, viven con una tía todavía joven en las afueras de un pueblo. Justo ahí, a una tía segunda se le ocurre enviar a su hijo también adolescente, vago y carilindo, para que pase unos días “en el campo” a ver si aprende algo. Al contrario, el gandul les enseña algo a las chicas. En verdad, cada una de ellas, por separado, le exige que lo enseñe. La tía, por su parte, parece que le exige algo más serio a su amante, un hombre casado y padre de familia.
El mayor pecado, llegar a aburrir
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Reinas. Una comedia que no es picaresca pero tampoco sentimental.
Esto no es una comedia picaresca, tampoco sentimental. En el comportamiento siempre malhumorado de las tres mujeres, en la mezcla de afectos y dominaciones que procuran mantener las dos mayores (y la menor tampoco es nada dulce), en la soledad de la casona donde viven, todo predispone al drama, incluso al terror psicológico. Precisamente, ellas tienen una fuente de trabajo bastante indicada para eso: un colmenar. Las abejas producen miel, pero también pueden clavar un aguijón. El zángano sirve a la reina, pero esa intimidad lo mata. ¿Irá por ahí la historia? ¿Pero quién es la reina, y cómo muere? ¿De veras muere la reina? El asunto tiene su simbolismo, y sus variables. Los elementos están servidos. Sin embargo, el guión no los aprovecha y la puesta en escena, aunque bien cuidada, carece de tensión suficiente. La historia se vuelve a veces confusa, otras veces aburrida, y, por suerte, a veces también se vuelve algo inquietante.
“Cómo mueren las reinas” (Argentina, 2021). Dir.: L. Turturro. Int.: M. Filmus, L. Abraides, U. Colombo.



