22 de marzo 2007 - 00:00
El nazismo, obsesión que no cesa para el arte contemporáneo
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La intimidad como territorio de descubrimiento
Horacio Roca en «Camino del cielo», estrenada por el Teatro San Martín la semana pasada.
Su autor, el español Juan Mayorga, dice que a veces el nazismo inspira obras «por la
simple exhibición de la violencia».
Consultado sobre cuáles son, a su juicio, las obras más importantes en esta materia, responde que «la primera obra teatral importante sobre el exterminio de los judíos es anterior a la llamada ' solución final'. Me refiero a 'La mujer judía', de Bertolt Brecht. Luego 'La indagación' de Peter Weiss, 'Cenizas a las cenizas' de Harold Pinter y 'Plaza de los héroes' de Thomas Bernhard. La cuestión más importante para el teatro del Holocausto es cómo evitar la tentación de ponerse en lugar de la víctima, de erigirse en portavoz de los sin voz. Creo que «Shoah» de Claude Lanzmann es no sólo la gran película sobre el Holocausto sino, en cierto aspecto, la película más importante de la historia. Lanzmann consigue convertir a los espectadores en testigos».
Desde mayo se presentará la segunda temporada de «Hic et Nunc», de Patricia Zangaro con dirección y puesta en escena de Alejandro Ullúa en el Teatro Del Borde, que viene a sumarse a la «Trilogía sobre el nazismo», para la que el director seleccionó «Edgardo practica, Cósima hace magia» de Patricia Suárez, una comedia negra ambientada en la Argentina de los '90, que muestra el hastío de un matrimonio alemán que oculta los cuadros de Hitler en el desván de la casa; «Herr Klement» de Suárez y Leonel Giacometto, que aborda tres días del secuestro de Adolf Eichmann por un grupo de la Mossad israelí, en la Buenos Aires de 1960; «Alle Juden aus Europa» («Todos los judíos fuera de Europa»), de Giacometto, que muestra el vínculo de un profesor de geografía alemán con su escribienteesclavo judío, mientras prepara una propuesta (llevar a los judíos a una isla) para la Conferencia secreta de Wansee, pueblo cerca de Berlin, en 1942, momento donde se decidió la «solución final».
Ullúa también se refirió a cuáles son las razones de la vigencia del tema del nazismo en el teatro y el cine: «La violencia anida en su esencia mas íntima, pero descubrir que una sociedad culta, que no era más antisemita que otras naciones europeas de aquellas décadas del 20' o 30' (Francia, Austria e Inglaterra, a la cabeza, no lo disimulaban)o la norteamericana (que restringió, aún comenzada la guerra, el ingreso de judíos a EE.UU.) fuera capaz de organizar semejante genocidio, reveló sin tapujos que toda la 'cultura' era apenas un barniz. Todo indica que por mucho que avancemos tecnológicamente, es posible que vuelva a surgir un arrebato bélico, quizás de distinto modo, de igual intensidad y crueldad».
En cuanto a su interés en el tema y las influencias que reconoce, apuntó: «No lo abordé por nada familiar. En 1996 estrené 'Canciones de Cabaret', con canciones líricas (de Kurt Weill, Poulenc, Satie, Schoenberg) y que transcurría en un cabaret adonde una judía asistía para conseguirun pasaporte falso y era arrestada por un miembro de la Gestapo. Por supuesto, estaba influido por 'La caída de los dioses' de Visconti, 'Portero de noche' de Liliana Cavani, el documental de Alain Resnais 'Noche y Niebla', y hasta las norteamericanas 'El juicio de Nuremberg' o 'El viaje de los condenados' de Stuart Rosenberg.»
«Pero sin dudas», continúa Ullúa, «el pionero que vislumbró las terribles consecuencias que escondía la entronización de Hitler fue Chaplin en 'El gran dictador'.
En cuanto a la autora de la pieza, dice Ullúa: «Desde la ironía de Brecht con 'La irresistible ascensión de Arturo Ui' o Georg Tabori con la farsa-'Mein Kampf', hasta el edulcorado tratamiento de 'Bent', la rosarina Patricia Suárez es quien mejor abordó el nazismo entre los nuevos dramaturgos argentinos, con una diferencia fundamental: ver en qué medida afectó a la historia del país».
Patricia Suárez dice a este diario que «el nazismo tiene la particularidad de haberse tratado de la aniquilación sistemática de seres humanos. No a mansalva como en las guerras e invasiones, sino a través de un sistema de confinamiento, y donde la víctima es utilizada en servicios para la guerra hasta el final, y luego hasta su propio cuerpo es objeto de utilidad. Soy hija de un matrimonio mixto, y en mi casa imperaba un gran temor al antisemitismo. Se me enseñó a negar mi condición de medio judía, para preservarme».
Ullúa concluyó: «La facilidad para la ilegalidad en la Argentina habla no sólo del prejuicio antisemita que existe entre nosotros, se quiera admitir o no, sino que propició entre otros actos el atentado a la Embajada de Israel y la destrucción de la AMIA. Simón Wiesenthal habla en un libro sobre la necesidad de la justicia porque, si no, los procesos históricos no sólo generan repetición sino que producen vértigo y deseo de ser repetidos. Vaya como ejemplo aquello que Hitler decía ante la discusión sobre la Solución Final: «¿Quién se acuerda ahora del genocidio armenio?».




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