27 de marzo 2003 - 00:00
El pianista "Novecento", con otra chance en teatro
Es "Novecento" la historia de un prodigioso pianista autodidacta, cuyo mundo se reduce a un barco de pasajeros en el que vivirá toda su vida cumpliendo, involuntariamente, la extraña proeza de no bajar nunca a tierra. Este monólogo teatral fue llevado al cine en 1998 por Giuseppe Tornatore, sin mucha fortuna. Ahora, el actor Jorge Suárez encarnará al pianista trasatlántico. Suárez dice que esta obra le ha brindado la magnífica oportunidad de devolverle al público el placer de escuchar una buena historia.
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Jorge Suárez
Pero «La leggenda del pianista sull'oceano» pasó por los cines sin pena ni gloria, tal vez por tratarse de un texto «a mitad de camino entre una verdadera puesta en escena y una historia para ser leída en alta voz», lo que confirma que sus mayores posibilidades expresivas están en el teatro. Al menos eso es lo que opina el actor Jorge Suárez, protagonista de la versión que se dará a conocer el 7 de abril, en la sala Patio de actores (Lerma 568), con dirección de Francisco Javier.
Suárez dará vida al trompetista Tim Tooney -uno de los integrantes de la banda de música del «Virginian», donde transcurre la acción-y sobre el final interpretará al propio Novecento. Tim Tooney es el encargado de narrar la historia de su entrañable amigo, que logró derrotar en un duelo pianístico al famoso Jelly Roll Morton.
Suárez dice que esta obra le ha brindado la magnífica oportunidad de devolverle al público el placer de escuchar una buena historia. Mientras graba los primeros capítulos de «Duermo con mi jefe» (un unitario que saldrá al aire en abril, protagonizado por Luis Brandoni y Guillermo Francella) se prepara para un nuevo proyecto teatral en el San Martín: el estreno de «Platonov» de Anton Chejov, con dirección de Hugo Urquijo.
Periodista: Novecento es un personaje enigmático y de una sensibilidad extrema pero tiene algo de bicho raro.
Jorge Suárez: Estimo que sí, porque alguien que fue abandonado en un barco, que no sabe de dónde viene y que luego es adoptado por un señor que lo vuelve a dejar huérfano a los pocos años, no tiene mucho a su favor.
J.S.: Ese enigma recién se revela sobre el final, cuando él le cuenta a su amigo cómo fue que estuvo a punto de hacerlo y al final se echó atrás. El dice que un piano tiene un número limitado de teclas y que eso basta para hacer la música que se te ocurra, porque las teclas no son infinitas, el que es infinito es quien las toca como es infinita la música que él puede hacer. Pero si él baja la escalera del barco se encuentra con miles de personas que son como teclas que no terminan nunca. Eso para él es como enfrentarse a un piano infinito. El siente que sólo puede vivir en ese barco y no es difícil entender sus sentimientos, porque tienen que ver con un síndrome muy de nuestra época, la imposibilidad de soportar el caos, la violencia y la velocidad que reina en el mundo.
P.: ¿Es un ser angelical o está un poco loco?
P.: «Novecento» es un monólogo teatral pero está muy ligado a la narrativa. ¿Cómo resolvieron esta cuestión?
J.S.: Con Francisco Javier decidimos adoptar algo que sugirió el propio autor luego de asistir al estreno de «Novecento», en el Festival de Asti. Baricco dijo que esa puesta le había gustado mucho, pero que después de haberla visto interpretada por actores, sentía que había algo en el relato que no era lo suficientemente teatral y que sólo a través de la lectura, el monólogo adquiría la potencia adecuada. Por eso decidimos hacer el ochenta y cinco por ciento del monólogo leído y así devolverle al público la posibilidad de escuchar, de que le cuenten un cuento. Eso es algo que se ha ido perdiendo en el teatro y que me parece muy importante recuperar. Como dice Novecento: «No estás verdaderamente jodido mientras tengas una buena historia y alguien a quién contársela».
P.: El director Francisco Javier es un reconocido investigador teatral, doctorado en la Sorbonne de París y profesor en la UBA. ¿Cómo es trabajar con él?
J.S.: Fue una de las mayores satisfacciones que me dio este proyecto. Francisco Javier fue mi maestro de actuación. Cuando yo egresé del Conservatorio, él me agarró casi como una piedra en bruto, con la formacion básica de un actor, y me dio el ochenta por ciento de las herramientas que hoy tengo. ¿Sabe lo que me hizo conocer Francisco Javier? El abismo, la posibilidad de lanzarme al vacío y confiar en que en medio de la caída van a aparecer las alas.



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