Héctor Yanover «El regreso del librero establecido» (Madrid, del Taller de Mario Muchnik, 2003, 191 págs.)
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B orges calificándose de chanta, es una de las anécdotas que reúne en su último libro el poeta, narrador, director de bibliotecas, editor de discos de escritores y librero, Héctor Yanover. Cuenta: «Le grabábamos su 'Baltasar Gracián'. Olga, mi mujer, le dictaba verso a verso porque él jugaba a no recordar sus poemas. En un intervalo entre cambios de cintas volvió el rostro hacia donde yo estaba y comentó el poema: 'No hubo música en su alma/ sino un herbario de metáforas y argucias/ y la veneración de las astucias/ y el desdén por lo humano y sobrehumano.'/ -Claro, no estoy hablando de Gracián sino de mí -aclara Borges, -soy yo el que se vale de variadas argucias. Cada vez que publico un poema pienso: ahora se van a dar cuenta de que soy un chanta. Pero alguien llama antes de mediodía y dice 'Muy bueno, Georgie'. Y siempre hay alguno que llama hacia las cinco de la tarde y repite: 'Muy bueno, Georgie'. Y casi siempre llama Adolfito hacia las ocho y dice: 'Muy bueno, Georgie'. Entonces me digo: qué suerte, tampoco esta vez se han dado cuenta.»
«El regreso del librero establecido» es un delicioso cajón de sastre con anécdotas, chistes, aforismos, citas, poemas, cuentos y memorias, que recuerda a los «carnets» -la libretas de apuntes-de los escritores franceses. Por momentos puede leerse como admirada analectas de Borges, «el maestro que nos enseñó que un hombre puede seguir creciendo siempre, aún después de muerto» pero, para no caer en el respeto ritual, agrega luego: «Es Borges una inteligencia infinita o más bien un piola de Buenos Aires? También».
Yanover, en ésta segunda parte de sus «Memorias de un librero», no vuelve a las peripecias de vender libros en Buenos Aires, sus temas son la literatura como felicidad, el humor, la poesía de lo religioso, la muerte. Cada tanto airea con un cliente que afirma: «Ya hice todo, tuve tres hijas, planté un árbol y hasta leí un libro» o una señora que pide «El hipo rey» de Sócofles. Yanover, que murió en octubre pasado, a los 73 años, coloca como cierre, junto a un interrogante «¿Fin?»: «Sigue sin respuesta la primera línea de la primera 'Elegía del Duino' de Rilke: '¿Quién, si yo gritase, respondería desde los órdenes angélicos?». Acaso, ahora lo sabe.
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