10 de octubre 2002 - 00:00

El teatro sobrevive bien en la Argentina devaluada

Los Prepu en el teatro
"Los Prepu" en el teatro
E n la Argentina devaluada no queda más que el ingenio. Se observa este año (más que otros) a productores de cine y teatro replantearse los usuales malabares presupuestarios y preguntarse por nuevas maneras de producir, para que la actividad artística no cese ni deje de ser un negocio (aunque obviamente menos lucrativo).

No sólo empresarios como Diego Romay o Carlos Rottemberg reconocen que en tiempos de crisis buscan ser más eficaces en el uso de recursos y promueven espectáculos a beneficio o a la gorra, sino que se impusieron este año numerosos espacios alternativos donde se ve teatro y cine. Más pequeños (van de 20 a 50 asientos), en casas recicladas como «El Callejón», «El excéntrico de la 18», «El portón de Sanchez» o «Espacio Ecléctico», entre otros, siempre están en actividad y renovando su cartelera.

Consultado por este diario, Diego Romay expresó: «Veo un cambio en la manera de plantear los proyectos actuales en relación a cinco o diez años atrás. El teatro y la televisión lanzaban superfiguras y les armaban algún proyecto; hoy es a la inversa, creo que es más importante lo que se cuenta y el personaje debe estar al servicio del espectáculo. Claro que no tener grandes figuras abarata costos».

Carlos Rottemberg
ha diversificado el perfil de sus salas para convocar nichos diferenciales de público, además del fuerte impulso que ha dado a las giras teatrales por el interior y en el extranjero. «Hay un cambio geográfico porque este año estoy promoviendo más giras, y con mucho éxito. Hemos intentado no transformar el modo de producir los espectáculos sino más bien su packaging, es decir, el modo en que los presentamos. He bautizado al Teatro Lorange «primer teatro profesional a la gorra». En el Ateneo hay sólo musicales nacionales [hoy está arrendado por la productora N/D en la Cultura] y el Multiteatro sigue copiando la fórmula de los multicines».

Además de las giras por el interior con obras que ya se han visto en Buenos Aires, Rottemberg, como Alejandro Romay, han inaugurado teatros en Madrid y Barcelona a donde lleva obras nacionales.

Fabián Luca,
productor y director de «Canciones degeneradas» indicó: «Nos enfrentamos a un cambio de ideas, las salas teatrales se están achicando porque no existen espectáculos que puedan sosterner salas de 1800 localidades con tres funciones por día, o la época del teatro de revista en que se hacían cuatro funciones. La nueva generación de productores deberá encontrar otra manera de producir que sea más acorde con los tiempos y con lo que la gente quiere ver. Hay grandes éxitos en salas pequeñas, con actores no necesariamente famosos ni de televisión».

•Beneficio

Este año ha habido más obras a beneficio («De rigurosa etiqueta», «Monólogos de la vagina», «Tanguera», «El violinista en el tejado», etc.) y el auge «a la gorra» no se detiene. También surgió la variante del alimento no perecedero para ingresar a obras y conciertos. En tanto, los teatros San Martín, De la Ribera, Alvear y Sarmiento, ofrecen funciones a mitad de precio los miércoles; en el Regio se presentan «Los Macocos», que comenzaron a la gorra y ahora cobran $ 2.50 los jueves y la lista continúa.

Con la crisis se han ofrecido musicales como
«El violinista en el tejado» o «Tanguera» pero ya sin músicos en vivo. Las voces de los productores disienten en este sentido: «Hay que pensar que una orquesta de diez músicos insume 1000 pesos por función, que suman más de 20 mil pesos por mes.Y se recaudan 7.500 pesos por función, para sostener todo el espectáculo. Hemos tenido quejas por parte de músicos pero nosotros pagamos al sindicato lo correspondiente por los derechos, aunque no haya músicos en vivo. En «El violinista...» y «Tanguera» no hay músicos en vivo porque el proyecto lo permitía. Con «Fiebre de sábado..» o «Mi bella dama» hubo orquesta y fueron espectáculos muy caros, donde se duró sólo 6 meses en cartel».

Luca,
por su parte, eligió incluir en «Canciones degeneradas» músicos en vivo, aunque su presupuesto sea ajustado y su espacio acotado: «Hay inversiones que hay que hacer, el teatro musical, para mi, no se concibe sin músicos en vivo. Pero hay productores que han prescindido de las orquestas en vivo porque les han dado pérdida. Hay como un enfrentamiento de los músicos con el teatro musical sin músicos y creo todo eso hay que revisarlo de nuevo. Creo que si yo elijo a los ocho músicos en vivo porque creo que es escencial, un empresario que tiene una posibilidad que yo no tengo podría también sostenerlo».

En otra línea, continúa diciendo: «Los tiempos han cambiado, los márgenes de ganancias son otros. Hay que sentarse a ver cómo hacer musicales con músicos. No es lo mismo un musical con un CD y además tener al sindicato haciendo cacerolazos en la puerta del teatro. El empresario tiene que explicar que no tiene el margen de hace cincuenta años y el sindicato tiene que entender que no le conviene a los músicos que se acaben los musicales y se haga sólo teatro de prosa. Mis músicos viven de tocar en bailantas, en eventos, en fiestas, pero están felices de hacer un género que les apasiona, aunque no ganen fortunas». Ante la crisis y la devaluación, se impusieron definitivamente espacios que fueron fábricas o depósitos y que se transformaron en teatros como «La carbonera» o «La fábrica». Además, surgieron obras que incluyen vino y comida, preparada en escena: «Marta y Marta», además de ser una valiosa pieza, está concebida en una pequeña sala, con cocina incluída. En «Cortamosondulamos», un exquisito homenaje a Silvina Ocampo que se presenta en el living de la casa de su directora y actriz principal, Inés Saavedra (Medrano y Honduras) transformada en espacio teatral los sábados y domingos, se convida con unas copitas antes de ingresar.

Luca
lo resume del siguiente modo: «Es un año donde aparece una cartelera variada e inteligente. No abundan, como otros años los espectáculos revisteriles, que tienen que estar, obvio. La gente está volviendo al teatro, al cine, pero no se entiende el fenómeno. Con menos dinero en la calle debiera ser a la inversa, pero el arte es un salvavidas. Para que la oferta se mantenga, el productor deberá seguir ingeniándoselas para bajar costos, mantener calidad y olvidar los viejos cánones de producir. Otra gran contradicción es que seguimos generando artistas geniales que triunfan en el mundo. Los argentinos tenemos ese instinto de supervivencia que a los extranjeros les sorprende, porque somos muy resolutivos».

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