«El último samurai» («The Last Samurai», EE.UU.-Japón, 2003, habl. en inglés y japonés). Dir.: E. Zwick. Int.: T. Cruise, T. Spall, K. Watanabe, B. Connolly, T. Goldwyn, H. Sanada y otros.
El contenido al que quiere acceder es exclusivo para suscriptores.
E sta dramática aventura épica se toma su tiempo para alcanzar intensidad, pero, cuando lo hace, es intensa como pocas. Tom Cruise es un decadente capitán del séptimo de caballería, que vive alcoholizado para espantar a los fantasmas de las masacres indias de las que participó. Un viaje a Japón para asesorar a un ejército moderno, armado para detener una rebelión samurai, parece una excusa perfecta para alejarse lo más posible de sus espectros.
El capitán termina hecho prisionero de los samurais rebeldes, que lo dejan vivir para aprender algo de su nuevo enemigo. A su vez, el prisionero, asombrado por el poder de esos samurais que enfrentaron un ejército armado con fusiles sólo con sus sables y flechas, se esfuerza por aprender el «Bushido» (el código samurai).
Promediando la película, unos ninjas atacan el refugio del samurai rebelde, y Tom Cruise los combate hombro a hombro con los demás samurai. Cuando este sangriento combate, perfectamente coreografiado incluso para los standards de un film japonés, luce creíble a pesar de incluir a tan conspicuo superastro famoso, queda claro que tanto Cruise como el director Edward Zwick hicieron bien su trabajo.
A partir de ahí, la película se vuelve increíblemente intensa, con combates como los que ya no se hacen, y con audacias como vestir a Cruise con una soberbia armadura de samurai que parece salida de «Kagemusha».
•Western
En parte, «El último samurai» es un western, y como en «Pistoleros del atardecer» de Sam Peckinpah sus personajes intentan durante un tiempo escapar a su destino, pero finalmente no tienen más remedio que cabalgar hacia la hermosa muerte que los espera más adelante en la forma de una lluvia de balas surgidas de modernísimas ametralladoras.
La película no escapa del todo a ciertos lugares comunes de Hollywood cuando lleva a sus personajes a latitudes exóticas, pero la mezcla de culturas y temas está bien elaborada, y las actuaciones niponas tan o más cuidadas que la del mismo Cruise. En este sentido, Ken Watanabe (el rebelde katsumoto) merece un Oscar al mejor actor secundario, y todos los rubros técnicos deberían estár en las nominaciones por los premios de la Academia.
Por último, la batalla final de los samurai contra un ejército moderno es un momento único en la película, un ejemplo de cómo adaptar el mejor estilo de cine épico para que pueda ser disfrutado por el público moderno sin perder nada de la fuerza de los viejos clásicos del género.
Dejá tu comentario