5 de octubre 2006 - 00:00

"El viento que acaricia el prado"

Cillian Murphy y Pádraic Delaney, los hermanos del IRA que tras luchar juntos contra la ocupaciónbritánica terminan enfrentados en «El viento que acaricia el prado».
Cillian Murphy y Pádraic Delaney, los hermanos del IRA que tras luchar juntos contra la ocupación británica terminan enfrentados en «El viento que acaricia el prado».
«El viento que acaricia el prado» (The Wind that Shakes the Barley, Inglaterra-Irlanda-Alemania-Francia-España, 2006, habl. en inglés y gaélico). Dir.: K. Loach. Int.: P. Laverty. Int.: C. Murphy, P. Delaney, L. Cunningham, O. Fitzgerald, M. Riordan.

Casi al mismo tiempo que el Ejército Republicano Irlandés (IRA) anunció que deponía las armas -en julio del año pasado-, el veterano director de cine político Ken Loach decidió narrar su génesis. La película, que ganó sorpresivamente la Palma de Oro en el último Cannes, empieza en 1920, cuando un grupo de campesinos se arma para resistir la ocupación británica, a cargo de los sanguinarios «Black and Tan» (en su mayoría veteranos de la primera guerra mundial).

La primera parte del film (la más lograda) grafica el ensañamiento gratuito de los ocupantes con los pacíficos habitantes de una aldea rural, uno de los cuales es apaleado hasta la muerte delante de su familia por decir su nombre en gaélico. A manera de responso se escucha la canción tradicional irlandesa que da nombre a la película («El viento que sacude la cebada»; como se verá, bastante distinto a cómo suena el título local). La reacción no tarda en producirse, liderada por dos jóvenes hermanos: el aguerrido Teddy (Pádraic Delaney) y el dulce Damien (Cillian Murphy), que renuncia a un buen futuro como médico en Londres para defender a los suyos.

En este fragmento se ve cómo se entrenaban estos improbables revolucionarios, así como el cambio que va produciendo en ellos la violencia que están forzados a ejercer. También se sufre una de las escenas más terribles, cuando Teddy es torturado sin piedad por varios, angustiantes, minutos.

Las acciones de los resistentes fuerzan a los británicos a imponer un acuerdo que es firmado por ambas partes. El acuerdo -que establece un estado libre irlandés, pero sin dejar de pertenecer al Reino Unido y con juramento de obediencia a la corona- no es acatado por los independentistas a ultranza, entre ellos Damien. Esto lleva a una guerra civil que termina enfrentando a los dos hermanos protagonistas. Lo que en este comentario lleva unas pocas líneas, en el film obliga a agotadores discursos didácticos, que sólo pueden atraer a los amantes de la historia, aunque ellos harán muy bien en recurrir también a otras fuentes.

En esta segunda parte, el problema ya no es que Loach sea parcial (lo es, pero ésa no es ninguna novedad en su filmografía), sino que su pristina militancia lo lleva a fallar en lo dramático. Por un lado es interesante cómo el director intenta llevar un conflicto nacional al terreno personal, pero por otro, dota a su héroe (obviamente, Damien) de un romanticismo y un aura mística imposibles de representar en forma creíble. Y Cilliam Murphy ya venía haciendo malabarismos para parecer de carne y hueso desde antes.

Por lo tanto, aunque mucho de lo que cuenta es perfectamente posible -en Irlanda y en cualquier otro sitio- la manera de contarlo distancia al espectador en lugar de generar la adhesión que busca el cineasta.

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