Orquesta Filarmónica de Buenos Aires. Director: Juan Pablo Izquierdo. Solista: Shlomo Mintz (violín). Obras de Kagel, Tchaicovsky y Schumann (16/7, 5° concierto de abono, Teatro Colón).
El contenido al que quiere acceder es exclusivo para suscriptores.
El excelente violinista ShloEmo Mintz fue el irresistible polo de atracción en esta velada. Su presencia tuvo una convocatoria que llenó la sala, lo que últimamente no sucedía. Conocido y aclamado mundialmente, Mintz ahora tiene 44 años y es solista desde los 11 con una extensa discografía, por la cual ganó tres veces el Grand Prix du Disque. Apadrinado desde chico por Isaac Stern y Zubin Mehta, no se equivocaron al presentir el desarrollo de lo que era un talento potencial.
Refinado y distinguido para abordar el repertorio francés (cuando toca las sonatas de Fauré es incomparable), ágil y latino para los italianos (grabó casi todos los conciertos de Vivaldi) y director acertado, ahora lo conocimos como aguerrido y temperamental intérprete de música rusa. En efecto, su enfoque del « Concierto en Re Mayor Op. 35» de Piotr Ilich Tchaicovsky es el de quien se olvidó de la técnica -puesto que ya está incorporada-, y hace música en sus más elevadas alturas. El penetrante sonido de su violín Guarnierius del Gesu, sobre todo en las cuerdas re-sol; la agilidad de su arco y su exacta digitación, y una personalidad imantada que hace borrar todo pensamiento o preocupación: en ese momento no hay otra cosa más importante que escucharlo y atrapar hasta el mínimo sonido.
La ovación fue atronadora, y los más entusiastas eran los mismos músicos de la orquesta, que aplaudieron calurosamente al gran artista, que ofreció dos bises técnicamente infernales y dedicados a músicos y expertos en la literatura violinística. Nuevas ovaciones, ocho salidas a escena, un éxito total.
Mauricio Kagel es un destacado alumno de Juan Carlos Paz que hace más de 40 años vive en Alemania, país que se interesó en sus nuevas propuestas transgresoras y de avanzada y las patrocinó. Pasaron 30 años desde que terminó sus «Variaciones sin fuga», «versión anti-fonal» para gran orquesta (hay otra con escenificación) basada en las «Variaciones y fuga sobre un tema de Händel Op. 24» original para piano de Johannes Brahms.
Es un alquímico trabajo intelectualizado, cita a ambos compositores y a sí mismo en 14 variaciones y un aria final para concluir con una esfumatura del bombo. Se la escuchó con mucho interés; los filarmónicos aportaron su concentración y respeto. Con la «Sinfonía N° 4 en Re Menor Op. 120» de Robert Schumann se volvió a la rutina, a cumplir con una traducción literal.
Dejá tu comentario