7 de julio 2004 - 00:00
Ellroy escapa a su caricatura
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Ellroy insiste en relatar --cada vez con menos varianteslos tumultuosos episodios que alimentaron sus primeros treinta años de vida («Mi vida de golfo» y «Mis morbos más raros»), cuando no hacía otra cosa que robar, drogarse, sumergirse en el
alcohol o fantasear en plan masturbatorio con todas las chicas que lo rechazaban. A punto de convertirse en una caricatura de sí mismo, el escritor escapa a tiempo de la mera autocomplacencia lumpen. Sus diálogos punzantes, la vitalidad de su prosa y la energía visceral con que describe personajes y situaciones hacen que muchas de sus páginas huelan a carne viva. Si bien algunos de sus relatos semejan ensayos de fuerte tono localista, otros en cambio resultan vibrantes exponentes del «género negro», como por ejemplo «Stephanie», revisión de un caso criminal ocurrido en 1965 y reabierto en el 2000 por dos policías cuya fascinación por la joven víctima asesinada los conecta con su propia adolescencia. También resultan apasionantes los relatos dedicados al boxeo («Espectáculo cruento») y a la prensa amarillista y farandulera («Tengo la primicia»). La presente traducción -hecha en Españaabunda en neologismos que el lector argentino desconoce ya que ni siquiera figuran en el diccionario de la Real Academia. Tanta jerga callejera exige, por lo menos, la inclusión de un glosario.
P.E


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