7 de julio 2004 - 00:00

Ellroy escapa a su caricatura

James Ellroy « Destino: la morgue» (Bs. As, Ediciones B, 2004, 299 págs.)

James Ellroy mantiene una intensa relación de amor y odio con la ciudad de Los Angeles, donde vivió hasta 1995 y a la que convirtió en el dantesco escenario donde transcurren buena parte de sus novelas policiales, empezando por las que integran su famoso «L.A. Quartet»: «La Dalia Negra», «El gran desierto», «L.A.Confidential» (base del film «Los Angeles al desnudo») y «Jazz Blanco».

En su libro de memorias «Mis rincones oscuros», el escritor dejó bien en claro el fuerte componente autobiográfico de sus ficciones, en las que el perturbador recuerdo de su madre muerta (una enfermera alcohólica cuyo asesinato nunca se esclareció) se superpone a las picarescas enseñanzas de su padre, un hombre no muy afecto al trabajo, fanático del boxeo y del sexo sin límite. En esta compilación de relatos reunidos bajo el engañoso título de «Destino: la morgue» (en realidad se trata de una miscelánea que critica y celebra el american way of life a través de temas tan diversos como el boxeo, la televisión, las revistas de chismes y los candidatos presidenciales) el autor vuelve a jugar su histórico papel de chico malo que sigue sin poder exorcizar sus fantasmas familiares.

Ellroy
insiste en relatar --cada vez con menos varianteslos tumultuosos episodios que alimentaron sus primeros treinta años de vida («Mi vida de golfo» y «Mis morbos más raros»), cuando no hacía otra cosa que robar, drogarse, sumergirse en el
alcohol o fantasear en plan masturbatorio con todas las chicas que lo rechazaban. A punto de convertirse en una caricatura de sí mismo, el escritor escapa a tiempo de la mera autocomplacencia lumpen. Sus diálogos punzantes, la vitalidad de su prosa y la energía visceral con que describe personajes y situaciones hacen que muchas de sus páginas huelan a carne viva. Si bien algunos de sus relatos semejan ensayos de fuerte tono localista, otros en cambio resultan vibrantes exponentes del «género negro», como por ejemplo
«Stephanie», revisión de un caso criminal ocurrido en 1965 y reabierto en el 2000 por dos policías cuya fascinación por la joven víctima asesinada los conecta con su propia adolescencia. También resultan apasionantes los relatos dedicados al boxeo («Espectáculo cruento») y a la prensa amarillista y farandulera («Tengo la primicia»). La presente traducción -hecha en Españaabunda en neologismos que el lector argentino desconoce ya que ni siquiera figuran en el diccionario de la Real Academia. Tanta jerga callejera exige, por lo menos, la inclusión de un glosario.

P.E

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