5 de junio 2013 - 00:04

Emociona limpiamente el film que Mercedes Sosa se merecía

En el documental, las palabras de la propia cantante y la de su hijo hilvananan una historia emotiva.
En el documental, las palabras de la propia cantante y la de su hijo hilvananan una historia emotiva.
Mercedes Sosa merecía su película, y llegó dos años y medio después de su muerte, de la mano de su único hijo Fabián Matus.

Conocida en su faceta de cantante y de ciudadana comprometida en causas políticas y sociales, públicamente se sabe mucho menos respecto de sus cuestiones más íntimas. En ese sentido, este documental que es el debut como director de Rodrigo H. Vila, hasta ahora dedicado fundamentalmente a la producción, será sin dudas una experiencia muy valiosa, especialmente para los que admiraban a "la Negra" tucumana.

El film tiene un formato de documental clásico. Se suceden las imágenes de archivo y los testimonios de amigos, músicos y parientes que fueron importantes en la carrera de la artista.

Los materiales seleccionados son abundantes y, en varios casos muy raros aun para los conocedores profundos de la historia de la cantante. Hay montones de registros sonoros. También son muchas las personas que aportaron su palabra: Charly García, Fito Páez, David Byrne, los hermanos y nietos de Mercedes, amigos que la albergaron en su exilio francés, viejas amigas de Tucumán y Mendoza, Pablo Milanés, Chico Buarque, Julio Bocca, Abel Pintos, René Pérez, Teresa Parodi, Víctor Heredia, León Gieco, Isabel Parra, etcétera. Claro que podría haber más, y hasta podrían reclamarse algunas ausencias, pero viendo el armado final puede decirse que, los que están, dan buena cuenta de los aspectos más humanos de la artista homenajeada.

El relato de la película está a cargo de la propia cantante y de su hijo Fabián. Se van repartiendo esa posta de contarnos una vida llena de vicisitudes personales, de experiencias dolorosas y emotivas, de exilios y retornos, de pobreza y gloria, de pérdidas y logros. Las palabras de Matus y de Mercedes, intercaladas con imágenes de archivo, van hilvanando así una historia en la que no hay manera de escapar a la emoción.

El recuerdo de los dos hermanos, el llanto espontáneo de Pintos, la alegría de Fito Páez, el recuerdo cariñoso de Charly y tantos otros, son momentos de la película que golpean en lo más profundo del espectador pero que, inteligentemente, no llegan jamás al golpe bajo.

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