3 de mayo 2004 - 00:00

En arteBA predomina la expresión contemporánea

Directivos de la Fundación arteBA
Directivos de la Fundación arteBA
La semana pasada, en el Malba, los directivos de la Fundación arteBA, Andrés von Buch, Marta Fernández, Facundo Gómez Minujín, Marga Macaya, Santiago del Sel, Alejandro Corres, Matilde Reynal y Andreas Kéller, presentaron el diseño de la Feria de Arte Contemporáneo que abrirá sus puertas en la Rural el 19 de mayo. Son varios los cambios producidos en los 14 años de existencia que tiene arteBA, pero nunca tan marcados como en esta 13ª edición. Si bien a través del tiempo y a medida que ganaba visibilidad, la Feria fue conquistando patrocinantes, esta vez la presencia de apoyos empresariales aumentó de modo considerable, al punto que acaparó casi tanta atención como el arte.

Pero, como siempre, el objetivo fundamental de la feria es la puesta en escena de las 59 galerías, seis art dealers y alrededor de 20 instituciones culturales ante los compradores de arte y un público que se estima, puede llegar a superar los 100.000 visitantes. Y en esta ocasión el aporte económico de los patrocinantes cobra un sentido diferente, porque ha sido utilizado para expandir un complejo y extenso programa de actividades culturales que apuntan a colocar a arteBA en el circuito de las ferias internacionales, y sobre todo a captar la poderosa clientela brasileña.

La industria argentina está recuperando el terreno perdido, y este avance se advierte en el apoyo al arte, sobre todo el contemporáneo, que como lo entendieron hace años en Brasil, brinda una imagen renovadora y de empuje. La respuesta de las empresas recuerda el final de la década del '50 y la del '60, cuando la flamante burguesía industrial valoró al arte moderno, y por primera vez se incorporaron obras de artistas argentinos y extranjeros decididamente contemporáneas en las colecciones argentinas.

Como la que reunió el Instituto Di Tella, la más importante que haya existido nunca en el país con carácter corporativo.

• Actividades

Este año, las actividades institucionales que se destacan son, entre otras, las exhibiciones de «Arte Brasileño en las Colecciones Argentinas», la colección de obra gráfica alemanadel Deutsche Bank, la presentación de la próxima Bienal de la Generalitat Valenciana, el primer Premio Petrobrás de Artes Visuales y el Proyecto RED, dedicado a las nuevas tendencias y a los artistas ajenos al mercado, además de la segunda edición del Concurso Orígenes de Arte Joven, el Premio Chandón y el Programa de Coleccionismo auspiciado por el JPMorgan, que asegura la presencia de visitantes top del extranjero como potenciales clientes.

Luego, a las importantes galerías de Argentina se suman las que llegarán de España, EE.UU., México, Suiza, Uruguay, Venezuela y Brasil, algunas con obras de artistas internacionales interesantes, como el alemán
Michael Wesely o la brasileña Lina Kim, quienes sorprendieron con sus obras al público de la última Bienal de San Pablo.

La calidad de cada feria se torna evidente recién luego del montaje, pero el temido Comité de Selección estuvo este año «más estricto», o en alguna medida «exclusivista», según sea la campana que se escuche. Lo cierto es que fueron varias las galerías rechazadas que hacen oír sus quejas y expresan su disconformidad con el perfil contemporáneo que impone la Feria. Sin embargo, y si bien es cierto que predomina el arte más actual, no existe ningún tipo de censura a la presencia de los grandes maestros que, como entre otros,
Malharro, Pettoruti, Curatella Manes, Xul Solar, Lacámera, Berni o Batlle Planas, y los uruguayos Figari,Torres García, Barradas o Gurvich, estarán en la feria.

En rigor, la presencia dominante del arte contemporáneo en la actualidad más bien debería atribuirse a un cambio del gusto, tanto de los galeristas como de los coleccionistas. El aprecio por el arte contemporáneo despertó muy tarde en nuestro país, donde según contaba
Manucho Mujica Lainez, las pintura de Victorica (y esta actitud es aplicable a casi todos nuestros grandes maestros, salvo excepciones como la de Fader) sólo suscitaban indiferencia. «Lo que se usaba, lo que los burgueses compraban para mejorar -o empeorar sus casas-y sus departamentos, invadidos por un oleaje de curvas atroces, por el caracoleante art nouveau, no tenía nada que ver con lo de Victorica», observa Mujica Lainez. «Eran unos óleos lamidos, dulzones, convencionales, que alternaban, en las residencias más osadas, con ciertas tentativas de impresionismo trasnochado, estridentes u opacas, sin gusto».

Con estos antecedentes, la pasión que hoy despiertan las expresiones contemporáneas es un fenómeno que podría atribuirse al arribo de una moda internacional, ya que este mercado está en alza en los grandes centros del arte, y también a los criterios especulativos, pues se trata de obras con valores considerablemente más bajos que las de los grandes maestros y hay más posibilidades de que la cotización crezca, o, sencillamente, a la fuerza del llamado «espíritu de los tiempos», que hace que determinada gente sienta afinidad con al arte de su época.

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