17 de julio 2002 - 00:00

"En EE.UU. aún creen que lo nuestro son selvas y brujas"

En EE.UU. aún creen que lo nuestro son selvas y brujas
Angélica Gorodischer desde que ganó, en 1964, el concurso de cuentos policiales de una revista, ha ido construyendo una obra tan variada como absolutamente personal. Ha transitado por la ciencia ficción (se la considera pionera de ese género en la Argentina), el policial, la narrativa erótica, la novela con elementos históricos y el relato fantástico. Entre muchos premios ha conquistado el Konex de Literatura. Su nueva novela, «Doquier», nos llevó a dialogar con ella.

Periodista: ¿Qué es «Doquier»?


Angélica Gorodischer:
Es la vida que esta por doquier, y que es inutil tratar de meterla debajo de la alfombra. Cuento, por ejemplo, que nada es como parece.

P.: ¿Por qué aclara que no es una novela histórica?


A.G.:
Me tienen harta con eso de la novela histórica. Lo digo para que no se engañe quien lee, y porque puede parecer una novela histórica. Me gusta establecer una complicidad con el lector o la lectora. Yo se que esa complicidad se establece, porque el que lee esta esperando que le mientan, que le cuenten un cuento. Quise dejar en claro que esta es sólo una novela.

P.:Algo que se aprecia desde la forma en que está escrita...


A.G.:
Puede ser, no sé. Hay muchas cosas que no sé. Y me parece bien no saberlas porque así dejo lugar a quien lee a que se meta y viva un poco ahi, adentro de la novela, como yo vivi tantos meses, casi dos años, y saque sus propias conclusiones.

P.: ¿Por qué hace tantas referencias a los santos?


A.G.:
Porque me encanta leer vidas de santos. Ojo que en «Doquier» casi todos esos santos son inventados. Uno o dos son de veras, pero en general son inventados porque es mucho mas divertido inventarlos que buscar como vivió San Fulano o Santa Mengana. Las vidas de santos son muy interesantes porque dicen una cosa pero por debajo hay otra que no tiene nada que ver. Santa Agata, por ejemplo, es sensual, terrible, perversa, y la pintan como la martir. Es sensacional leer vidas de santos. Pero claro, acá no tiene nada que ver con la religión, tiene todo que ver con la ficción.

P.: ¿Cómo aparece en usted la idea de esta novela?


A.G.:
A mi hay cosas que me interesan mucho, por ejemplo la gemelidad. Recuerdo haber leido una novela despampanante de Michel Tournier, «Les Météores». Me interesaba el tema de esa gente unida mucho más estrechamente que los amantes o que los hermanos o que los cómplices. En «Doquier» son mellizos. Esa gente que ha estado 9 meses en la misma bolsa tiene que tener un enganche, me imagino desde un punto de vista literario, más fuerte que cualquiera otros. Esa fantasía me resulta sumamente util. Otra cosa que me interesa es el travestismo, en general, no el de los travestis que andan por la calle, sino en el sentido del disfraz. En la novela los mellizos, una chica y un muchachito, se disfrazan de algo y hay un animal que no es que se disfrace pero pasa por lo que no es.

P.: Un gato...

A.G.: Si, Polibio...

P.: ¿No lo quería decir?


A.G.: Para que se intriguen. Soy devota de la ambiguedad. Me encanta eso de algo o alguien que no se sabe si es o no es y que cada persona pueda suponer distintas cosas. Hay obras maestras en eso como «Otra vuelta de tuerca». En general todas las grandes obras -y no es que me quiera comparar-hacen gala de una ambigüedad tremenda. ¿Hace 500 años que venimos hablando de «Hamlet»? Es que invita a pensarla una y otra vez. Hay un cuento maravilloso, «La muerte y la muerte de Quincas Berro Dágua», de Jorge Amado, que está en «Los viejos marineros», donde nunca se sabe si el protagonista está muerto o no. Eso a mi me encanta.

•Historia

P.: ¿Buscó construír una metáfora?

A.G.:
Todo lo que quiero es contar una historia. No quiero demostrar nada, ni reflexionar sobre la vida, ni sobre la novela o ni sobre el país. A mi gusta contar acontecimientos, yo soy una narrativista.

P.: Muchos escritores sostienen que hay que volver a la narratividad, algo a lo que estan habituados los lectores por los bestsellers, pero usted además trabaja sobre el lenguaje...


A.G.:
Mi único compromiso es con el lenguaje, con la palabra. Yo quiero contar una historia, pero no voy a hacer una historia para ganar plata. Me parece respetable que alguien quiera ganar plata con sus libros, siempre que no sean de auto ayuda, para ello estudiará el mercado o, bueno, no se qué diablos hará. Yo quiero contar una historia, si gano plata mejor y si no gano qué le voy a hacer, no es para tanto tampoco. Y quiero contar eligiendo ciertas palabras, porque sabemos que las palabras no son inocentes, y quiero que tengan cinco, diez, cien pliegues, y que agreguen pliegues por la manera de estar ordenadas.

P.: ¿A que género literario pertenece «Doquier»?


A.G.:
No es una novela de amor, aunque tal vez es una novela de amor. También es una novela de misterio, porque hay un misterio, y hasta se podría decir que es un policial. Tiene algo de novela histórica porque situo el momento, fines del siglo XVIII, nada más que por eso. ¿Dónde la meto? No sé, porque a mi los géneros, francamente, mucho no me interesan. Es una novela, eso es todo.

P.: ¿Cómo ve a la narrativa argentina?


A.G.:
A mi siempre me ha parecido que es sumamente interesante. Tanto en Estados Unidos como en Europa hablan de literatura de América Latina y del realismo mágico. A mi francamente eso es otra cosa que me tiene harta. Piensan que acá, en el sur del sur, hay selvas y las mujeres son magas o brujas. En Alemania, cuando fui invitada por un departamento de Literatura en español, me pasé una hora explicando que acá realismo mágico no, y nombrando a Arlt, a Fray Mocho, a Benito Lynch, etcétera, gente más desconocida para ellos. Queria que supieran que lo nuestro es la literatura urbana o del campo o fantástica, pero realismo mágico no. Y cuando terminé, un señor me preguntó: ¿y el realismo mágico?

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