21 de julio 2013 - 00:04
En el año Wagner, Bayreuth mezcla dioses con petróleo
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Frank Castorf, el controvertido director teatral, hará un Anillo del Nibelungo alegórico de la carrera por el petróleo y la globalización. Si esta producción fracasa, la dirección de Bayreuth (retenida por la bisnieta de Wagner) podría cambiar de manos en 2015.
Según los rumores, una gasolinera de la mítica Ruta 66 estadounidense formará parte del decorado y las hijas del Rin serán tan sensuales como Anita Ekberg en la Fontana de Trevi en "La Dolce Vita" de Federico Fellini.
La acogida de esta producción es de importancia vital para Eva Wagner-Pasquier y Katharina Wagner, directoras del festival desde 2009, ya que su permanencia en el cargo se decidirá en 2015. Sus criterios estéticos nunca han sido del gusto del círculo de habituales del festival. La adaptación de Katharina Wagner de los "Maestros cantores", presentada entre 2007 y 2010, fue objeto de críticas despiadadas. En 2011 eligió al alemán Sebastian Baumgartner para dirigir un "Tannhauser" tan impopular que será retirado a partir de este año de la programación. Y sus relaciones con la poderosa y generosa Sociedad de Amigos de Bayreuth son espantosas. El año pasado, se retiró apenas unas semanas antes del Anillo-Compacto que iba a hacer en el Teatro Colón, quedando la producción a cargo de la ex Fura dels Baus Valentina Carrasco, quien contó con bastante menos tiempo que los dos años de los que se queja Castorf (esas pocas semanas), y también hizo una "alegoría": sobre los desaparecidos y los centros clandestinos de detención. Parece que Wagner da para todo. Además es probable que el teatro de protesta y con tintes anarquistas de Castorf tampoco sea del agrado de centenares de asociaciones wagnerianas en el mundo que financian el festival.
La fachada del viejo teatro de la ciudad bávara, cuya piedra fundacional ordenó colocar Wagner en 1872, está siendo restaurado, entre toldos que reproducen el edificio original, a cinco días de la apertura de la temporada. Ahí culminará, como cada año, la peregrinación de devotos del compositor, encabezados por la canciller Angela Merkel -fiel al festival desde sus tiempos en la oposición- y neófitos como el presidente del país, Joachim Gauck.
En cambio, que no se haya conseguido renovar la fachada a tiempo para una temporada en la que se cumplen 200 años de Wagner es algo que Bayreuth asume sin complejos. La historia del teatro fue y es convulsa, desde que el compositor logró convencer a su mecenas, Ludwig II de Baviera, de que era el mejor lugar del mundo para escuchar sus óperas. La apertura, antes de la Tetralogía, será con la reposición del "Holandés errante", dirigida por Christian Thielemann.
Bayreuth tiene hasta seis aspirantes por cada una de las 1.974 plazas del teatro, a lo largo de las 30 galas de la temporada -del 25 de julio al 28 de agosto, este año. Este año debió incrementar la venta de entradas y reducir el cómputo de invitados, ya que la crisis hizo mella en los aportes públicos. El festival rinde cuentas a sus donantes públicos -Gobierno federal, Land de Baviera y la ciudad de Bayreuth-, y a la Sociedad de Amigos de Bayreuth, que exigen transparencia a las Wagner. La restauración costará unos 65,6 millones de dólares, entre la renovación de escenarios y los espacios dedicados a los ensayos, que la orquesta se ve obligada a hacer en el restaurante vecino al teatro. Desde 1876, Bayreuth ha sido reformado repetidas veces, pero mantiene el esquema original de representar en exclusiva las óperas de Wagner y de abrir cinco semanas al año, lo que limita la capacidad recaudadora por venta de entradas.




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