«Experta en bodas» («The Wedding Planner», EE.UU., 2001, habl. en inglés). Dir.: A. Shankman. Int.: J. López, M. McConaughey, B. Wilson, J. Chambers, A. Rocco, J. Greer, K. Pollak.
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Aunque quizá en esta mediana comedia romántica no se pueda apreciar demasiado, el director Adam Shankman debe ser un genio. No se puede definir de otro modo a un artista capaz de ascender de coreógrafo de «Scream 2», «Casper», «Boogie Nights» y una docena de otros films muy conocidos que no son exactamente musicales, o de un puesto llamado «asesor en comedia física» en «Los picapiedras», a director de una producción de 35 millones de dólares que tampoco puede definirse como un musical.
En un país generoso como la Argentina, el ascenso vertiginoso de un creador como Shankman no resultaría llamativo, pero en Hollywood, el lugar del mundo donde llegar a dirigir un primer film es mucho más difícil que en cualquier otro lado, un logro como éste se convierte en una auténtica proeza.
Aun cuando el guión no debe haber sido una obra maestra, el tema daba para un poco más, sobre todo teniendo como protagonista a la cada vez más popular Jennifer López.
Igual que en «La Celda» y «Un romance peligroso»,Jennifer es una chica muy profesional, una esclava de su carrera que no tiene tiempo para el amor. Sólo que aquí en vez de ser policía o terapeuta virtual es una organizadora de fiestas de casamiento que muere por asociarse a la empresa para la que trabaja. Una boda de gente rica es la llave para convertirse en socia, pero cuando la encuentra, se enamora del prometido de la clienta estelar.
El comienzo de la película no es tan malo, hay un par de escenas de baile -no olvidar que ésa es la especialidad del director-y una aire liviano y medianamente divertido que es más o menos lo que se podría esperar de un film como éste. Los apuntes divertidos que puede aportar el negocio de organizar bodas están muy desaprovechados, igual que la personalidad sexy de la estrella, cuya imagen parece estar especialmente trabajada para que por ningún motivo se la pueda confundir con una bomba erótica latina.
Es probable que esto no sea casual: una actriz demasiado sexy suele espantar a la audiencia femenina, que en los últimos años ha demostrado inclinarse por actrices como Julia Roberts o Sandra Bullock, es decir bellezas de la vida diaria con las que muchas espectadoras se pueden identificar, tesis válida y acaso interesante que de todos modos no mejora la opera prima del primer asesor en comedia física convertido en director de cine.
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