12 de julio 2004 - 00:00

En su centenario, discuten aún el estalinismo de Neruda

Una imagen del escritorio de Pablo Neruda, con la máquina de escribir donde dactilografió una gran parte de su obra.
Una imagen del escritorio de Pablo Neruda, con la máquina de escribir donde dactilografió una gran parte de su obra.
Santiago de Chile - Hoy se cumplen cien años del nacimiento de Pablo Neruda ( Parral, 1904-Santiago de Chile, 1973). Sus incondicionales lo definen como el poeta más grande del siglo XX, una afirmación con la que muchos no estarán de acuerdo. Pero es probable que casi todo el mundo coincida, al menos, en que Neruda es uno de los poetas más mediáticos que ha dado la literatura universal.

El escritor chileno fue un hombre mediático en vida, mucho antes de que consiguiera el premio Nobel de Literatura en 1971, gracias a su cualitativa precocidad literaria -escribió su primera obra, «Crepusculario», a los 16 años-, y también gracias a su implicación política. Pero Neruda también ha sido mediático después de su muerte, y no sólo porque se convirtió en un símbolo contra Augusto Pinochet. Sus enciclopédicos versos abarcan todos los temas y han conseguido que, quien más quien menos, haya leído al menos alguno de los «Veinte poemas de amor y una canción desesperada».

Una prueba de ese éxito popular lo da la magnitud de las celebraciones de este año. En Chile se constituyó una comisión a tal efecto que hasta hoy lleva contabilizados más de 600 actos sólo en los 65 países donde tiene representación diplomática. En España, Seix Barral -además de reeditar sus distintos libros de poemas- ha publicado «Neruda por Skármeta», de Antonio Skármeta, un texto biográfico muy personal, con anécdotas y análisis de poemas que vinculan la obra del poeta a los lugares y personas concretas que le acompañaron.

Asimismo, Jorge Edwards reedita en Tusquets «Adiós, poeta», el libro sobre Neruda con el que ganó el tercer premio Comillas, que retrata a tres generaciones de intelectuales.

Pero sorprende que todavía queden aspectos desconocidos por investigar, tanto en lo que respecta a la obra, como a su vida. En junio se celebró en la Universidad de Poitiers (Francia) un congreso que reunió a 50 especialistas en el poeta. Entre las ponencias presentadas, destacan la de una investigadora de la Universidad de Alicante que profundiza en la relación entre Neruda y Lorca, el trabajo de una francesa que analiza la intertextualidad entre Rimbaud y el chileno, o la ponencia de un mexicano que relee la correspondencia entre Neruda y Octavio Paz.

Es en el ámbito del Neruda político donde existen más claroscuros. Su militancia en el Partido Comunista y su firme adhesión al estalinismo aún generan polémica. Así como los rumores nunca esclarecidos sobre su participación en el asesinato de Trotsky, que murió el mismo día que Neruda asumía su cargo como cónsul de Chile en México. Sus críticos mantienen que nunca se hizo atrás en la defensa de los postulados de Stalin, mientras que quienes estuvieron cerca de él mantienen que en privado renegaba del dictador soviético, sobre todo después de que en 1956 Nikita Krushev desvelase sus crímenes. Pero sus allegados dicen que en público prefería mantener otra actitud porque pensaba que ello «afectaba a la unidad del partido».

El periodista chileno
José Miguel Varas, que entrevistó a Neruda en varias ocasiones y que ha escrito varios libros sobre el poeta, dice que en «Elegía» -obra editada póstumamente en 1974 y que en un primer momento se tituló « Elegía de Moscú»- Neruda critica abiertamente los crímenes de Stalin. Varas también recuerdaque cuando las tropas soviéticas entraron en Praga, en 1968, Neruda dijo que le había caído «como una piedra en la cabeza». Según Varas, a partir de «Estravagario» (1958) Neruda «va matizando sus postulados y se acentúa su mirada crítica del mundo».

Por su parte, el poeta Federico Schopf dice que su generación -nació en 1940-mantiene una «relación crítica con la figura de Neruda, porque era solemne, monumental y se atribuía el papel de portavoz de las clases populares en un momento en que el socialismo real estaba en crisis».

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