4 de diciembre 2001 - 00:00
En teatro también hay "instalaciones"
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Periodista: ¿Qué entiende usted por instalación teatral?
Oria Puppo: En algún punto es una redundancia, porque aquí, en nuestro país, el término es aplicado específicamente a la plástica; pero en otros idiomas, cada vez que se habla de instalación es refiriéndose a experiencias que tienen algo de teatral. En este caso, decidimos hablar de instalación teatral porque la obra está inspirada mayormente en textos teatrales y porque todos los que participamos de ella somos «bichos» de teatro.
P.: ¿Es la primera vez que realiza una experiencia de este tipo?
O.P.: En realidad, este proyecto continúa uno anterior que estrené en Babilonia en el '98, pero aquél tenía un sentido más plástico. Se llamó «Deslenguajes de la palabra a la imagen».
Ese mismo año participé del Proyecto Museos invitada por el director Cristián Drut, con quien realizamos «Instalación Tafí viejo» inspirada en el Museo Ferroviario.
P.: ¿Cómo es la dinámica de este nuevo espectáculo?
O.P.: Es un recorrido netamente sensorial, con fuerte incidencia del espacio y los signos visuales. Son imágenes extraí-das de esos textos con los que trabajé durante un año. Lo que verá el público son imágenes montadas a lo largo de una pasarela (de 18 metros de largo y 2 de ancho) y formando parte de una instalación total. Hay diferentes alternativas de recorrido, a gusto del espectador. Cada uno puede armar su propio circuito y éste puede llevarle en total unos 25 minutos. La obra está pensada para un máximo de 30 espectadores.
O.P.: El espectáculo no remite a ninguno, pero es importante citarlos porque al igual que en todos mis trabajos como vestuarista y escenógrafa, todo surge del estudio y el análisis del texto. No fue nuestra intención acercar al espectador esas historias. Es más, ni aun conociéndolas van a poder detectarlas dentro de la obra. Nuestra intención fue brindarle al público una experiencia para armar y asimilar a través de lo netamente sensorial.
P.: Pero habrá algún tema general que unifique la obra...
O.P.: Sí, hay algo que surgió como nexo en la etapa final del trabajo. Son las diferentes manifestaciones del amor. Sobre esa base se terminó de armar el espectáculo.
P.: ¿Por qué son tan escasas este tipo de propuestas?
O.P.: Es un tipo de proyecto que requiere de cierta tecnología y cierto apoyo económico; si no, es absolutamente irrealizable. Además, yo quería hacerlo en un espacio que no fuera teatral y eso lo complica todo porque la sala que elegí no tiene ningún tipo de infraestructura escénica. Pude concretar este proyecto gracias a una coproducción con el Complejo Teatral de Buenos Aires y a un subsidio a la creación artística de la Fundación Antorchas.
P.: Usted ha trabajado con un buen número de directores ¿Cree que esa influencia
puede llegar a conducirla hacia la dirección?
O.P.: Para nada. Todo lo que tiene que ver con dirigir una obra está a kilómetros de mí, ni figura dentro de mis intereses; yo estoy muy apoyada en lo visual. La escenografía, en realidad, es superaleatoria con respecto a la puesta teatral. Lo que hice aquí es producto de una investigación y una búsqueda para captar el texto desde el lenguaje sonoro, visual, actoral y lumínico. El trabajo con diferentes directores y tipos de puesta me ha servido para ser cada vez más aguda en mi propio trabajo y para sentirme exigida. En el buen sentido.



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