15 de abril 2015 - 19:57

"Enamorados", una muestra sobre el amor en su estado más idílico

Enaguas, puntillas, medias de seda y todos los elementos para embellecerse eran prolijamente guardados en baúles para la luna de miel.
Enaguas, puntillas, medias de seda y todos los elementos para embellecerse eran prolijamente guardados en baúles para la luna de miel.
El amor atraviesa todas las clases sociales. De las numerosas muestras posibles de amor, enamorarse es quizás la más probable que todos los seres humanos experimenten alguna vez en su vida. Con la familia como horizonte deseable, los porteños de la primera mitad del siglo XX pusieron mucho énfasis en celebrarlo. Ahora, una muestra en el Museo de la Ciudad recoge postales, ajuares, vestidos de novia y todo tipo de elementos vinculados a esta etapa.

Compuesto por objetos provenientes de la colección del museo y préstamos especiales, la exhibición recorre el estado más vulnerable de una persona: el enamoramiento. Desde libretas hermosamente decoradas conocidas como 'carnets de baile' donde las jovencitas apuntaban el nombre de los caballeros que las habían invitado a bailar y qué baile les correspondía; correspondencia cargada de pasiones no consumadas hasta la mayor celebración del amor, el momento de la boda.

A través de las vitrinas se puede recorrer el desarrollo de una pareja. Así, tras un primer encuentro y blanqueadas las intenciones de los jovencitos, los novios podían intercambiar durante un tiempo cartas, postales y, los más pudientes, algunas fotografías hasta anunciar la fecha del enlace. Las pasiones no consumadas obligaban a acortar los tiempos de noviazgo en los albores del siglo XX; las relaciones podían durar apenas meses antes de que la pareja iniciase los preparativos de la boda.

Al momento de dar el sí, los padres de los novios pondrían lo mejor que su economía doméstica les permitía para festejar. No importaba la clase social, las mujeres llevarían un impoluto vestido de novia que podía ser traído de Francia, confeccionado por una modista del barrio o, los más humildes, cocido por su madre.

Una docena de vestidos pueden verse en "Enamorados" perfectamente preservados. Las mangas largas dominan los diseños -ninguna señorita de bien podía casarse con los hombros descubiertos-, los encajes y el tipo de tela utilizada dan una pauta de la posición social familiar. La muestra indaga incluso en algunas costumbres de fines del siglo XIX, como los trajes de novia negros. Algunos también pueden verse en la exhibición.

Toda boda no concluía sin el retrato oficial de los flamantes marido y mujer. Para quien jamás vio en la casa de algún abuelo o familiar mayor estas imágenes en blanco y negro, esta es la oportunidad para deleitarse con una pared entera de éstas. Una decena de parejas posa delante de un decorado de falsas nubes o largos cortinados. El futuro podía ser muy próspero, pero la etiqueta exigía que no hubiese sonrisas.

Concluidas las celebraciones, llegaba la luna de miel. Por primera vez la pareja estaría a solas. Tras algunos consejos, las madres preparaban el ajuar de sus hijas. Enaguas, puntillas, medias de seda y todos los elementos para embellecerse eran prolijamente guardados en baúles que, en el mejor de los casos, tendrían como destino Europa. El equipaje de los hombres también era abultado; había que guardar con sumo cuidado las camisas y el frac. La etapa del enamoramiento entraba a su fin. Iniciaba la rutina.

"Enamorados" puede verse hasta el 10 de mayo en el Museo de la Ciudad, Defensa 223, de lunes a viernes de 11 a 19 y sábados, domingos y feriados de 10 a 20.

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