El excelente
Aaron Eckart y
sus amigos
«de la
muerte» en
«Gracias por
fumar», liviana
y divertida
comedia de
humor negro
que satiriza
los fundamentalismos
alrededor de
un hábito hoy
muy mal visto.
«Gracias por fumar» (Thank You for Smoking, EE.UU., 2006, habl. en inglés). Dir.: J. Reitman. Guión: J. Reitman basado en una novela de C. Buckley. Int.: A. Eckart, M. Bello, C. Bricht, A. Brody, S. Elliott, K. Holmes, R. Lowe, W. H. Macy, R. Duvall
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Como clarifica ya el estribillo que acompaña a los títulos iniciales («fuma, fuma, fuma, hasta morir; inhala, inhala, inhala, y cuando llegues al cielo dile a San Pedro que espere, que tienes que fumarte un cigarrillo»), ésta no es una película a favor del tabaco. Tampoco está precisamente en contra. Su protagonista, si se quiere, termina defendiendo la libertad que tiene la gente de elegir vivir o morir como se le da la gana. Pero ésa no parece ser la intención central de la novela que le dio origen ni del guión escrito por el notable director debutante Jason Reitman.
«Gracias por fumar» es, en realidad, una entretenida sátira de los fundamentalismos y manipulaciones diversas que entraña la actual demonización del tabaco en la sociedad norteamericana (y no sólo en ella, como pueden dar fe los fumadores porteños condenados a veda forzada en lugares públicos).
La primera satirizada es la industria tabacalera, a través de Nick Naylor (Aaron Eckart), su vocero y lobbysta para todo servicio. Naylor es sobre todo un orador invencible a la hora de relativizar los daños que puede provocar su «producto», como le gusta decir a él, pero también un hombre capaz de conseguir, mediante el don de la palabra, que sus empleadores gasten más en hipócritas campañas publicitarias «pro salud de niños y jóvenes», de sobornar con sumas imposibles de rechazar a un enfermo de cáncer (Sam Elliott), y de contactar al ejecutivo de Hollywood que pueda imaginar a Brad Pitt fumando en una película durante un viaje espacial (Rob Lowe).
A todos estos títeres que va dejando sin cabeza el accionar de Naylor, se suman otros personajes, por no decir otros villanos. Los hay campechanamente cínicos como el mandamás de las tabacaleras (Robert Duvall), y expertos en dobles discursos, como el senador (William H. Macy) que lidera una desaforada cruzada de prevención. No falta, por supuesto, un representante de «los medios», en la persona de la joven periodista que interpreta Katie Holmes. Completando el cuadro, están los únicos amigos que puede tener un individuo como Naylor: la vocera de la industria del alcohol y el de la de las armas (Maria Bello y David Koechner), con quienes comparte los pasajes más hilarantes de un film de humor bastante negro.
Comparado con la gente que lo enfrenta, el canalla de Naylor resulta encantador (a lo cual ayuda mucho la excelente composición de Eckart). Lo mejor es que, si bien ciertos acontecimientos alteran su visión de las cosas, no termina redimido como se teme en varios momentos; y eso que tiene la presión -y la convicción- de dar ejemplo al hijo de 12 años que lo sigue a todas partes y lo tiene como modelo.
En definitiva, «Gracias por fumar» es una comedia bien pensada, que se apoya fundamentalmente en su inmejorable elenco para hacer reír, y que pese a sobrevolar varios temas serios nunca comete la torpeza de tomarse en serio a sí misma, por lo que no hay que esperar de ella grandes revelaciones ni denuncias al estilo de la película de Michael Mann «El informante», con la que se la ha comparado en vano.
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