24 de abril 2003 - 00:00
"Es una obra de humor, pero bastante negro"
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Hugo Midón
Periodista: Desde «Hotel Oasis» que no hacía teatro para adultos.
Hugo Midón: Así es, pero esta obra está destinada también a los jóvenes. Para ellos va a tener un especial atractivo, porque aquí también se habla del espectáculo un poco carnavalesco que ofrecen nuestras instituciones o de la ridícula manera en que se instrumentan los planes sociales. Hay una escena que transcurre en una villa de emergencia, donde la única canilla común se queda sin agua. Entonces llega una comisión del gobierno integrada por asistentes sociales y antropólogos que no tienen mejor idea que ponerle techo de acrílico transparente a todas las viviendas. Esa villa es como una corte de los milagros, al estilo Buñuel. Así fui descubriendo que los textos de Viale son terriblemente mordaces.
P.: En el scketch final aparecen dos políticos tironeando de una banda presidencial...
H.M.: (Se ríe) Sí. El orden de las escenas lo armamos nosotros y ese sketch fue ubicado al final con total alevosía. Me parece que va a ser bueno que la gente salga del teatro con esa imagen, justo ahora que entramos en elecciones y que seguramente habrá ballotage.
P.: ¿Cómo es que decidieron cruzar estas dos obras?
H.M.: Porque las dos están estructuradas en sketchs y algunas de sus temáticas resultan más interesantes y actuales que otras que se quedaron un poco en el tiempo, sobre todo para un cronista como Viale, que hablaba mucho de la realidad inmediata. Todo este material es muy cercano al grotesco y enseguida apareció la idea de incluir una murga, que acompaña a los actores a la manera de un coro griego, pero desde su precaria condición de murga de barrio. Es la que comenta, ironiza y saca conclusiones sobre lo que sucede en escena. Descubrí que Viale era un gran humorista -nunca dejó de escribir para programas cómicos-, tenía una visión muy cruda de la realidad.
Siempre pintaba a sus personajes en situaciones límites y en relaciones muy densas y oscuras. Su manera de desenmascararlos lo acercaba al grotesco. Al principio me entusiasmó la idea de acercarme a un autor cómico, de registro casi televisivo. Creí que esto iba a ser una especie de revista cómica muy popular, pero a medida que fuimos internándonos en lo subterráneo del material fue apareciendo algo mucho más oscuro y cruel. Es cierto que prevalece el humor, pero un humor bastante negro.
P.: ¿La estética de la obra alude al empobrecimiento de la clase media argentina?
H.M.: Toda la utilería sale de la chatarra que se acumula en un galpón y quien cuenta las historias es una murga pobre, como casi todas las murgas que se arreglan con lo que tienen. Su vestuario es deshilachado, son fracs que se fueron rompiendo con el tiempo. Hay cierta dignidad deshilachada en todos ellos y eso bien podría reflejar la situación de la clase media argentina. También nosotros nos fuimos deshilachando, sobre todo con los últimos tironeos, ¿no?. Habrá que ir cosiendo los remiendos poco a poco.


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