Sacheri: "Ser otras personas es de lo más liberador que te propone la escritura"

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Su última novela, "Lo mucho que te amé", lleva como protagonista a una mujer de carácter fuerte en tiempos de Onganía.

“Había estado escribiendo como diez meses y de pronto me di cuenta que tenía que empezar de nuevo, correrme y dejar que directamente esa mujer contara lo que le había sucedido, lo que había sentido”, dice Eduardo Sacheri sobre “Lo mucho que te amé” (Alfaguara), su más reciente novela. A pesar de que sus novelas se convierten en bestsellers, que pasan al cine con éxito de espectadores y premios, el Oscar para “El secreto de sus ojos” (“La pregunta de sus ojos”), el Goya para “La odisea de los giles” (“La noche de la usina”), Sacheri sigue dando clases como profesor de Historia y en este momento se comunica por internet con sus alumnos. Dialogamos con él.

Periodista: Se ha dicho que “Lo mucho que te amé” es su primera novela romántica, su primer drama sentimental, ¿pero acaso no era romántica y sentimental “La pregunta de sus ojos”?

Eduardo Sacheri: Creo que sí. En “La pregunta de sus ojos” está el crimen, el castigo, la venganza, el fondo político, pero está atravesada por ciertas formas del amor, claro que en “Lo mucho que te amé” el amor está más en el centro del asunto, está más iluminado.

P.: Ofelia, que quiere a su pareja, nos cuenta cómo se enamora del novio de su hermana menor. ¿Le costó narrar, por primera vez, desde una mujer?

E.S.: Así como hay novelas que tienen unos cuantos personajes importantes, hay otras en las que hay uno que sobresale claramente, es el caso de Ofelia, que está muy en el centro de la novela. Alcanzar a encarnarla, tener su voz, conocerla, es algo difícil, se logra con tiempo de escritura. Cuando llevaba cinco meses escribiendo todavía “Lo mucho que te amé” estaba centrada en Ofelia desde una prudente tercera persona, miraba a Ofelia de afuera. Cuando llevas ocho, diez meses escribiendo se produce esa experiencia tan interesante de la escritura que es la transfiguración en tu personaje, sea quien sea. Es ese momento extremadamente placentero donde empezás a ver el mundo desde tu personaje. No ves lo que estás creando sino desde el ser que has creado, y ahí la primera persona te permite una libertad de introspección que la tercera persona te limitaba. Ser otras personas es de lo más agradable que te propone la escritura, es liberador, enriquecedor. Si como lector los libros te permiten vivir otras vidas, escribir te permite lo mismo con un poco más de profundidad creativa. Disfruté mucho ser Ofelia.

P.: Algunas mujeres critican su novela por anacrónica y a Ofelia por moralista que se debate en falsos dilemas, aunque en el escenario de la historia ella es de avanzada.

E.S.: A las personas hay que pensarlas en su contexto histórico. Indudablemente los dilemas de Ofelia vistos sesenta años después probablemente sean anacrónicos, y otros no, lo interesante es interrogarse sobre unos y otros. Toda época tiene su moral, y la nuestra no carece de dilemas morales, tiene otros. Trasladarse a otras épocas es una gimnasia que ayuda a repensar los conflictos de nuestro tiempo.

P.: Ofelia, que se permite avanzar en su deseo, tiene una bruja de antagonista.

E.S.: La antagonista es una persona coherente, una mujer muy firme. Lo de bruja es un tema suyo. Es una persona muy segura de sus convicciones. Ojo que Ofelia siente una culpa galopante, tampoco es que se relaja y goza, la pasa bastante mal pobre. Más que el enfrentamiento entre una moral y otra, es el enfrentamiento entre alguien seguro de su moral y alguien que siente que su moral es una prisión.

P.: Su novela recorre lo que va de Perón a Onganía, y en los tiempos de Onganía al muchacho que tenía el pelo largo lo llevaban preso y se lo cortaban.

E.S.: En una época tan represiva, tan de control, las chicas llevaban la peor parte. De ahí que fuera más atractiva Ofelia que los hombres de su vida. Ella vivía más tensiones. Sus dos hermanas mayores estaban casadas y no habían podido estudiar, ella era la primera que entraba a la universidad. Era el progresivo avance de las mujeres. El ascenso de las clases medias, rodeado de las acaloradas discusiones de peronistas y antiperonistas en los encuentros familiares en esa casa de Palermo Viejo del dueño de una fábrica de muebles.

P.: Su novela mezcla lo costumbrista y lo dramático, lo histórico y lo romántico.

E.S.: El género en la literatura y el cine es un atractivo y un condicionamiento, permite sintonizar con tus lectores, evita dar explicaciones, lleva rápidamente a la trama, pero impone ciertas limitaciones. Por eso me gusta tomarme libertades, corrimientos que enriquecen la trama porque la vida no viene con género. Y mis historias pretenden tener un anclaje cotidiano y fuerte en la realidad. Si bien cada libro mío tiene una nota predominante, a la vez suma géneros de fronteras difusas. Eso me atrae como lector.

P.: Con su libro anterior, “La noche de la usina”, ganó el premio Alfaguara de novela, y en cine con “Odisea de los giles” ganó el Goya y tuvo éxito de púbico.

E.S.: Influye mucho que a los proyectos cinematográfico de mis libros se ha acercado gente muy grosa, grandes directores, grandes producciones, grandes elencos. Eso no garantiza nada, porque no hay nada garantizado hoy en día pero favorece a que la cosa prospere. Si “La noche de la usina” hubiera sido una pequeña película independiente acaso podría haber sido muy bella, pero que Ricardo Darín encabece el elenco y la producción, que Sebastián Borensztein la dirija, K&S la produzca, y contara con grandes figuras, más un estreno con muchas salas, ayuda mucho. Es un proceso de prosperidad que se alimenta por sí mismo, que me beneficia a mí más allá de la eventual calidad del material original. Por ahora con “Lo mucho que te amé” no tengo contacto alguno con el mundo cinematográfico.

P.: ¿En que está ahora?

E.S.: En plena investigación de una nueva novela. Una novela me suele llevar, de publicación a publicación, entre dos y tres años. Esos tres años no son de escritura literaria, suele dividirse en una primera etapa de diseño de planos, el armado de una estructura, una cronología, documentarme, investigar hechos que son el telón de fondo de la acción, de lo que sucede, y una segunda etapa literaria. Las naturales inquietudes de la etapa que estamos pasando no me permiten estar capacitado para estar escribiendo. Necesito para escribir estar rodeado de cierta normalidad. Por ahora estoy en la construcción de una historia anclada en la Argentina de los años setenta, y si no voy más allá no es por hacerme el misterioso sino porque es algo demasiado embrionario.

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