12 de julio 2002 - 00:00

Esta sí es buena música importada

Cuarteto Beethoven de Roma. Wolfgang A. Mozart: Cuarteto en Mi Bemol; Antonín Dvörak: Cuarteto Op. 23, en Re Mayor y Robert Schumann: Cuarteto Op. 47 en Mi Bemol Mayor. (8/7, Teatro Colón, org.: Mozarteum Argentino).

Así como no todos los músicos extranjeros justifican su contratación local, como demostraron visitas recientes, no siempre instrumentistas que se juntan a tocar forman un conjunto. Pueden tener buena comunicación entre sí, ser buenos músicos individuales, pero el caso es llegar a la comunión. En este sentido, en Cuarteto Beethoven de Roma, con 32 años compartiendo la música, los viajes y la madurez, hacen de cualquier concierto una experiencia sensorial y espiritual. El único cambio en toda su historia -debido al fallecimiento del violoncellista Enzo Altobelli- hizo peligrar el conjunto, hasta que en Mihai Dancila encontraron al músico acorde.

El recuerdo de Altobelli surgió en el Andante Cantábile del Cuarteto de Schumann, donde el violoncellista trepó a las alturas a las que solía llegar quien antes ocupara su atril. Por su parte el violinista Félix Ayo, español de larguísima trayectoria, que se remonta a ser fundacional de «I Musici» y que dio varias veces la vuelta al mundo con su arte, suma a su experiencia musical y talento natural inquebrantable, la voz de su magnífico violín Guadagnini firmado en 1744, al que hizo gemir en el Cuarteto de Dvörak. Este compositor checo tocaba la viola, por lo tanto en su obra este instrumento tiene un natural protagonismo, que Alfonso Ghedin asume con naturalidad.

Tan importante como es Menahem Pressler para el Beaux Arts Trío, lo es Carlo Bruno al Cuarteto Beethoven de Roma; su otra actividad es difundir la cultura pianística napolitana de Scarlatti y ocasionalmente se presenta como solista, pero como promotor de partituras italianas. Por caso, es famoso el éxito de su interpretación del Concierto N° 2 de Martucci con la Orquesta de Filadelfia dirigida por Ricardo Muti. Este auténtico maestro no solamente es de una pasmosa precisión y una musicalidad de alto vuelo, sino que es un alquimista del sonido. Tenue y elegante en Mozart, ligeramente rústico en Dvörak y encendidamente romántico en Schumann. Como tiene que ser. En resumen, una noche memorable con uno de los grandes y estables conjunto de cámara de auténtico nivel internacional, en esta temporada en la que el Mozarteum Argentino celebra 50 años de actividad ininterumpida siempre captando lo mejor del mundo musical.

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