28 de octubre 2002 - 00:00

"Estamos volviendo a seducir al público"

Estamos volviendo a seducir al público
Grata sorpresa del verano en Punta del Este, «A la revolución sobre dos caballos», sobre tres jóvenes que van en Citroen desde Paris a la Lisboa de la Revolución de los Claveles, de 1975, se vio en la muestra de cine hispano-franco-italiano recientemente concluido. Dialogamos con su director, el italiano Maurizio Sciarra.

Periodista: Hablando en general sobre el cine de sus contemporáneos, usted ha dicho «el cine italiano aprendió otra vez a hablar con el público». ¿Qué había pasado antes?


Maurizio Sciarra
: Los autores de la generación anterior, muy autorreferencial, pensaban que lo importante era hacer el film, sin verificar la respuesta del público. Hasta despreciaban al público. Si alguna de sus películas tenía éxito, se preguntaban «¿en qué fallamos? Somos demasiado buenos con el público». Pusimos eso en discusión, y algo ha cambiado. De aquel momento sólo quedan los daños que hicieron, un cine feo, que no tenía en cuenta el sentido de la imagen, y un agujero generacional.

•Sentimientos

P.: ¿Y qué vino después?

M.S.: Podría mencionarle películas como «Los cien pasos», con un tema que parecía retrotraernos al cine político de otros tiempos, pero en cambio hablaba de los sentimientos, y por eso tuvo éxito. Es que cuando una película logra hablar al corazón de la gente, la gente la recibe. También podría mencionarle autores como Marco Risi, que el año pasado filmó en Argentina, Nanni Moretti, que supo crear su propio público, o Wilma Labate, que logró vender a medio mundo «La mia generazione» , premiada en Mar del Plata, aunque igual le costó estrenar en la propia Italia, porque -éste es el problema-seguimos atrapados entre dos grandes cadenas de distribución, que privilegian el cine norteamericano.

P.: Es habitual en muchas partes.


M.S.:
En este momento intentamos acercarnos lo más posible a la legislación francesa, pero parece que el gobierno italiano piensa otra cosa. Por ejemplo, los franceses han impuesto que su televisión pase un 40% de material audiovisual nacional y europeo por día, y que los sábados no pase ninguna película, así la gente va al cine. Son cosas que no le cuestan nada al Estado. Pero nuestro gobierno no le impone nada a la televisión, quizá porque el capo del gobierno es al mismo tiempo el dueño de la televisión.

P.: Su comedia sobre los años '70 no solo recupera el humor de la época, sino que hasta parece estar hecha en los '70. ¿Esa era la idea original?


M. S
.: Me formé en esos años. Me encantaban los road-movies del cine norteamericano de entonces. Quise siempre hacer uno... Y como la historia me lo permitía, hice también una lectura técnica de aquel período. Cámara, óptica, fotografía, encuadres, ritmo, hice todo en ese estilo, pero lógicamente apoyado en la tecnología actual. Por ejemplo, los temas de entonces suenan con la sonoridad de hoy. Y en cuanto a tratamiento, aunque cambié varias cosas de la novela original, y le dí más espacio al personaje femenino, mantuve totalmente espíritu, resolución, y objetivo: hacer comprender cómo era el mundo en los '70.

P.: ¿Cómo era?

M.S.: Menos perfecto en muchos aspectos, todavía había fuertes dictaduras, incluso en Europa, pero había más calor entre las personas, los jóvenes crecíamos con tantos sueños, teníamos ganas de estar juntos, sentíamos la libertad, el amor, las ganas de luchar... Estas cosas hoy están volviendo, aunque de otra forma. Y no volverían, de no ser porque germinó algo de aquel entonces. Pero no hablo desde la nostalgia. Y por suerte nadie ve la película como nostálgica. Hasta le dieron el premio de la juventud en Locarno, chicos que entonces ni habían nacido.

P.: Es la última actuación de Francisco Rabal.


M.S.:
Lo conocí quince años antes, cuando yo era ayudante de dirección de Luigi Comencini, y desde entonces me quedó en el corazón. Cuando encaré la historia, pensé en un personaje para él, aunque ya estaba muy viejo, y por suerte aceptó de inmediato. El recuerdo más lindo que tengo es cuando terminó su trabajo, y al despedirse, desde la puerta llena de luz, me dijo que lo llamara. «Cómo no, cuando estrenemos en España». «No, entendiste mal, llamame para hacer otra película»...

P.: Así que usted fue ayudante de Comencini.


M.S.:
¡Maestro! Tan simple y humano. Fui su asistente desde «Cercasi Gesú» en adelante. Todos los niños de sus películas («Un ragazzo di Calabria», «La storia», etc.) se los encontré yo, era mi trabajo. Y aprendí tanto, con qué seguridad y qué sencillez manejaba las herramientas del oficio, y qué amor sentía por la gente y por los temas que trataba. Espero algún día ser como él.

P.:Al menos, su película es un buen comienzo.


M.S.:
Cuando pensé poner como coprotagonista un Citroen viejo, temí que no llegaríamos ni al final del rodaje. Pero a un año de salir, este auto ya dio la vuelta al mundo. Siendo un film italiano, hablado en portugués, francés, y español, que cuenta hechos europeos de hace años, encontré complacido que el público reaccionaba igual hasta en Corea.

P.: ¿Cuál es su próxima película?


M.S.:
Pensaba adaptar «Ultimos días de la víctima», pero ya han hecho como tres versiones, así que ahora pienso en una versión de la «Sonata a Kreutzer».

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