14 de julio 2005 - 00:00

Estirada búsqueda de espiritualidad

La ópera primade DiegoRafecas, «Unbuda», tienebuen elencobuenassituaciones yhasta buenosconsejos, pero lomejor tardademasiado.
La ópera prima de Diego Rafecas, «Un buda», tiene buen elenco buenas situaciones y hasta buenos consejos, pero lo mejor tarda demasiado.
«Un buda» (Argentina, 2005, habl. en español y japonés). Guión y dir.: D. Rafecas. Int.: A. Markert, C. Fal, J. Cardinali, T. Serrano, D. Rafecas, V. Carnevale, T. Yamauchi, N. Prince, J. M. Tenuta, B. Olmi, L. Ziembrowski, P. Montero, I. de Pineda.

En una megaproducción hollywoodense el protagonista pasa por sucesivas crisis elaborando, entre otras cosas, la violenta muerte de sus padres, víctimas de un delito común, y se termina convirtiendo en un supermurciélago justiciero.

En la ópera prima independiente que ahora vemos, pasa por sucesivas crisis elaborando, entre otras cosas, la desaparición de sus padres, más que mansos, abstraídos en su propio mundo, víctimas de un crimen de Estado (así es como prácticamente comienza el relato), y termina participando en un retiro espiritual de Capilla del Monte, convertido en aspirante a monje zen... con su novia, su hermano, la novia del hermano, la mamá de la novia, y el morocho que acompaña a la mamá de la novia.

Dato interesante: el que hace de monje, lo es de veras, y también es veterano de Malvinas. Y el realizador de la película, también es monje. Lo que no impide (quizá incluso permita) que este relato que empieza dramáticamente pueda ser visto en forma de comedia. Igual que otras cosas de la vida, el asunto acepta diversos acercamientos, así como el maestro que conduce el retiro puede ser visto como un gordo chanta (en una graciosa escena pareciera que está filosofando, y en verdad está chacoteando con otro monje), pero también puede verse como alguien que tiene muy en claro ese asunto de convivir con las contradicciones, y eso es lo que les enseña a sus discípulos.

Así quizás haya quien encuentre su equilibrio entre razón e intuición, quien aprenda a relativizar el concepto de tiempo, quien, tal vez, logre bancarse una madre impresentable, e incluso habrá la que reciba un piropo bien halagador: «No te preocupes por el orden cósmico. El orden cósmico debe seguirte a ti». En cambio, a nuestro angustiado personaje, ansioso de vivir un mundo espiritual que le caiga de arriba como una revelación divina, directamente lo empuja a trabajar en el pueblo vecino.

Buenos consejos, buen elenco (sobre todo Tina Serrano), buenas situaciones. Pero, como decía el maestro Minguito en «Tres alegres fugitivos» (por citar otra guía espiritual) «No todas son rosas en el camino de la vida. También están las espinas y el piojillo». Lo de Capilla tarda en llegar, y daba para más.

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