28 de marzo 2003 - 00:00
Estrenan ópera experimental del norteamericano John King
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Analía Couceyro
En ella participará -en guitarra eléctrica y live electronics-este prestigioso compositor y performer que trabajó junto a grandes artistas como John Cage, Merce Cunningam y el Kronos Quartet, entre otros. Según se anticipa, las melodías y textos a cargo de las intérpretes serán modificados electrónicamente en vivo por un programa de computadora, igual que las imágenes de video. King inició este proyecto en mayo de 2001, en Buenos Aires, con un equipo integrado por las argentinas Minou Maguna (diseño de arte), María Inés Aldaburu (adaptación de textos) y el estadounidense Benton Bainbridge (diseño de video).
Periodista: Esta es su segunda participación en ópera experimental.
Analía Couceyro: Sí; ya trabajé en otra Coproducción del CETC «Incursión tema Fausto», basada en el «Fausto criollo» de Estanislao del Campo, con música de Martín Bauer, dramaturgia de María Inés Aldaburu y dirección de Carlos Lypsic. Era un espectáculo que incluía música, poesía y video. Con él participamos, en 1999, en el Primer Festival Internacional de teatro de Buenos Aires y en el 2000 lo presentamos en el centro de artes escénicas «The Kitchen», en Nueva York, donde John King es curador musical. El tenía muchas ganas de hacer algo en Argentina.
P.: «La belle captive» tuvo apenas 9 días de ensayo ¿se trata de un semimontado?
A.C.: Más que un semimontado, yo diría que es un «ultramontado», porque aunque trabajamos a distancia, cada uno estuvo muy aplicado a lo suyo. En esa etapa yo fui recibiendo textos por e-mail y hablé un par de veces por teléfono con John King, lo cual hace que todo esto me resulte un poco extraño. Pero él lo tiene todo muy armado en su cabeza y no quedó mucho margen para la creación colectiva.
P.: ¿Qué quedó del texto de Robbe-Grillet?
A.C.: John decidió tomar la novela de Robbe-Grillet para trabajar sobre el mito de la cautiva, de manera que María Inés Aldaburu fue armando un cuerpo de diferentes obras referidas al tema, desde la literatura gauchesca hasta los testimonios de prisoneras de la ESMA. Después, él fragmentó aún más los textos, dejando de lado los referidos a la tortura o a temas muy específicos. También se ocupó de que la idea de fragmento estuviera siempre presente en la obra. No es un relato lineal ni hay por qué buscar en él un patrón unificador. Las imágenes son muy importantes.
P.: King parece haber seguido los preceptos del nouveau roman difundidos por Robbe-Grillet.
A.C.: Algo de eso hay, porque la obra llega al espectador como una asociación de momentos oníricos y poéticos. Se descartó toda idea de continuidad, de estructura de relato o de construcción de personajes. Yo creo que la obra va a funcionar en la medida que la gente se despreocupe de buscarle un sentido. Esto es algo más bien performático, por ponerle un nombre, ya que en él conviven diversas capas de materiales sonoros y visuales, que aparecen azarosamente y de manera fragmentaria. Hay mucha música y video, incluso mis parlamentos obedecen a una marcación rítmica.
A.C.: Sí, y estoy muy feliz con esa obra en la que trabajamos durante dos años. Se llama «Donde más duele» y la vamos a estrenar el 11 de abril en el Sportivo Teatral. Previo al montaje, leímos todas las versiones de Don Juan, pero a nivel textual sólo quedó una cita de Molière sobre el final. El Don Juan de esta obra, que interpreta Fernando Llosa, es un hombre viejo, enfermo y bastante deteriorado. Vive encerrado en una casa de las afueras, junto a tres hermanas. Con las dos mayores (María Oneto y Gabriela Ditisheim) mantiene una relación amorosa y parece que en cualquier momento inicia sexualmente a la más chica.
P.: No es misógina...
A.C.: No, al contrario. Hubo muchísimas discusiones durante el proceso sobre cómo sería la mirada de esas mujeres con respecto a este hombre.




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