8 de febrero 2002 - 00:00
Estrenan premonitoria obra de Ricardo Halac
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Rubén Pires
«Luna gitana» tiene por protagonistas a Roly Serrano y Silvina Bosco. La escenografía y vestuario pertenecen a Pires y Matilde Nemirovsky, la iluminación a Manuel González Gil y la música a Federico Mizrahi.
Periodista: Después de varias puestas multitudinarias decidió volver al teatro intimista.
Rubén Pires: En realidad, yo ya hice muchas obras de dos actores. En 1997, por ejemplo, dirigí «Mozart y Salieri», «El hombre de la flor en la boca» de Pirandello y «Las dos orillas» de Mario Cura. La pieza que dirijo ahora me la acercó el propio Halac.
P.: Me refería a sus cuatro últimos espectáculos.
R.P.: Sí. Es verdad. En «Marat-Sade» eran 33 actores, en «Los indios estaban cabreros» también 33, en «El pasajero del barco del sol» 22 y en «El Romance del Romeo y la Julieta» (actualmente en funciones en el «Paseo La Plaza») 19. Será por eso que últimamente todo el mundo me relaciona con puestas de muchos personajes o me dice que debería dirigir ópera.
R.P.: Yo, en general, tiendo a reírme del amor y a burlarme de él en el escenario, porque creo que los seres humanos nos ponemos bastante patéticos con el tema sobre todo cuando intentamos hablar de él dentro de una ficción. Hay gente que dice: «Es un fin», yo digo: «Es un medio», pero es mucho más complicado que eso. Entonces, lo que decidí fue contar un encuentro entre dos almas. La obra es un grotesco al estilo del «Stefano» de Armando Discépolo, donde primero el espectador se ríe y después llora.
P.: ¿Por qué lleva ese título?
P.: ¿Cómo definiría a los personajes?
R.P.: El es un idealista y tiene una mirada filosófica muy setentista. Ella, en cambio es muy pragmática y su pensamiento coincide con lo que opina la calle. Se burla un poco de él: «Vos sos de la generación de «Hair» -le dice-como vos ya no quedan. Si le decís a esos que están en el palco: «Hay que cambiar el mundo», ellos te van a decir: «Que todo siga igual». Ellos son testigos de una movilización popular en la Plaza de Mayo que después se termina infiltrando en su historia. Al final se producen fuertes disturbios y todo deriva en una especie de guerra civil. Pensar que todo esto fue escrito en octubre del año pasado, cuando nada hacía suponer lo que sucedió después.
P.: De todas maneras, el final de la obra es demasiado negro.
R.P.: Halac me dijo un día: «Estás loco Pires» pero yo preferí dejar ese final.
P.: Digamos que su visión del país es bastante fatalista.
R.P.: Si está nublado y el clima está pesado y húmedo seguro que va a llover. Para mí eso no es ser fatalista, hay que hacerse cargo de lo que uno genera. En este país hay mucha corrupción y poca justicia y creo que depende de nosotros que esto siga sucediendo o no. Ya dejamos pasar muchas cosas y si no reconocemos que nos dimos cuenta demasiado tarde no vamos a poder evolucionar. Recién cuando le tocaron el bolsillo a la clase media nos sentimos afectados. Nos terminó sucediendo lo del poema de Brecht. Esta es mi postura: si tengo medio potencio un medio, si tengo un cuarto potencio ese cuarto, el resto ya no lo tengo. Es por eso, que en medio de la crisis, en lugar de levantar la obra decidimos estrenarla.


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