10 de mayo 2002 - 00:00

Estridente rock de un transexual

John Cameron Mitchell
John Cameron Mitchell
«Hedwig y la pulgada iracunda» (Hedwig and the Angry Inch, EE.UU., 2001, habl. en inglés y alemán). Dir.: J. Cameron Mitchell. Int.: J. C. Mitchell, M. Pitt, M. Shor, S. Trask. Proyección en video.

Pese a la abundancia de indicios autobiográficos y de la comodidad con que John Cameron Mitchell luce sus aparatosos vestuarios y pelucas rubias, este film que escribió, dirigió y protagoniza no está basado en su vida, sino en un transexual llamado Mikiela Linchner.

Bajo la influencia declarada de Bob Fosse, Robert Altman, Al Ashby y John Cassavetes, la película se rodó en veintiocho días, con bajo presupuesto, y triunfó en festivales independientes. Mitchell, a la hora de escribir su ópera prima, partió del mito de Platón sobre las dos mitades que se buscan eternamente. Es una mirada personal sobre el amor y la libertad. Y aunque a primera vista el film pueda resultar un entramado de temas trillados (la guerra fría, la transexualidad, las desventuras de un grupo de rock), con el transcurso de los minutos nada es como parece.

A lo largo de este film musical-animado-dramatizado se plantean dos ritos de pasaje: hay un viaje interno, un grito desesperado de Hedwig ( Mitchell) por encontrar su «otra mitad» y una perseverancia por demostrar (y demostrarse) que las dualidades son estados engañosos que preceden a la unidad. Acentúan esa intención las originales animaciones y el nada casual tatuaje al estilo ying-yang que hacia el final ya no es el mismo.

El segundo viaje es el que encara un ya operado Hansel (convertido en Hedwig), detrás de un oficial del ejército norteamericano, que constituye su única alternativa para escapar de la ex Alemania oriental. Metáfora de la obsesión por Occidente, donde anida la supuesta libertad, a la que Hedwig accederá a cualquier precio, aunque tenga que convertirse primero en mujer y luego en esposa pasajera del militar (para el que Mitchell reconoce haberse inspirado en su padre, un general del ejército estadounidense).

Hedwig
pasa de la prostitución a la música, válvula de escape con el que se reconstruye la película. La música taladra a veces pero otras destila melancolía. Eléctricas o desenchufadas, son punzantes todas, especialmente por el contenido. A través de las canciones se conocen datos de su torturada vida, entre ellos que para escapar de Alemania se sometió a una operación que le dejó «una pulgada enojada» en lugar de un órgano sexual definido.

La película es cruda, irónica y no apta para todos los gustos (además de la música eléctrica, algo saturada, abundan las escenas homosexuales). Otro dato a tener en cuenta: está proyectada en video.

Dejá tu comentario

Te puede interesar