2 de diciembre 2005 - 00:00

Estupendas muestras en Bellas Artes y Recoleta

Una de las admirables esculturas que expone Jorge Gamarra en Bellas Artes, donde también se exhibe una muestra abarcativa de Fernando de Szyszlo; mientras, en Recoleta, se pueden ver obras de Augusto Ferrari.
Una de las admirables esculturas que expone Jorge Gamarra en Bellas Artes, donde también se exhibe una muestra abarcativa de Fernando de Szyszlo; mientras, en Recoleta, se pueden ver obras de Augusto Ferrari.
Entre tanta oferta de «arte», a esta altura del año por demás excesiva, de la que la autocrítica y la reflexión están ausentes y en la que rige el todo vale, desde caballos y vacas intervenidas por artistas que también se suman al show mediático, convocatorias multitudinarias y fatigantes, todavía se pueden encontrar propuestas válidas en un recorrido que se ha vuelto inabarcable.

Empezamos por Jorge Gamarra (1939) que expone individualmente por primera vez en el Museo Nacional de Bellas Artes. Ganador del Premio Palanza en 1981, entre otros importantes premios, hay tempranas obras como «De los Pétalos» (1966), quebracho blanco, las combinaciones osadas de cedro y cáñamo, su capacidad para doblegar la madera «Línea Discontinua» (2004) y también la piedra en «Torsión» (2003) así como pulirla obsesivamente, por ejemplo, «Piedra Erosionada» (2004) en granito negro zulú. Las casi treinta obras están expuestas de manera que permite al contemplador sentirse en una especie de santuario que convoca al silencio así como a la admiración que despierta el oficio superlativo de este artista.

En la sala de exposiciones temporarias del mismo Museo se exhibe una muestra abarcativa de Fernando de Szyszlo, artista peruano que acaba de cumplir 80 años. Para él el arte sigue siendo un acto muy privado, pensamiento o sentir que parece estar contra la corriente en estos tiempos tan mediáticos y apresurados. Este artista inconfundible lleva el paisaje en su interior, el colorido de los textiles, las formas de la cerámica ancestral, la carga de la tradición que se mezcla con su experiencia europea que comienza a los 25 años. Estaba en auge el existencialismo, se reunía con los popes del movimiento y también con Octavio Paz y Julio Cortázar en el Café de Flore en París.

Su pintura inicial estaba influenciada por Pettoruti y en Italia estudia a Tiziano, Tintoretto, Caravaggio, para más tarde bucear en los distintos ismos del siglo XX. Por sus formas abstractas también se cuela alguna forma humana, portales que remiten a las piedras de antiguas civilizaciones que poblaron su tierra, mitos y leyendas en una conjunción colorística admirable y claroscuros que le imprimen un carácter misterioso y ritual. Ambas muestras clausuran a fines de noviembre.

En 2002 la muestra «Panoramas-Cuadros-Iglesias-Fotografías» de Augusto Ferrari, nacido en Italia en 1871 y fallecido en Buenos Aires en 1970, que se exhibió en el Centro Cultural Recoleta constituyó una asombrosa revelación. Graduado de arquitecto en la Universidad de Génova, estudió pintura en la Academia Albertina de Torino. En 1914 se trasladó a la Argentina donde realizó una vasta obra que incluía pintura de caballete, audaces desnudos, paisajes y fue un pionero en el uso del arte fotográfico. Como arquitecto construyó el claustro de Nueva Pompeya, la Abadía de los Benedictinos en Buenos Aires, importantes iglesias y capillas en Córdoba y se ocupó de la restauración de los cuadros de la Iglesia de San Miguel por él pintados en 1922 y que fueran quemados en 1955.

La exposición actual, también en el Centro Recoleta, contiene fotografías de las pinturas que se encuentran en la Iglesia de los Padres Capuchinos que construyera en córdoba en 1928 -no terminada aún- y que según un folleto publicado en 1935 con motivo de su inauguración, «no es Templo sino monumento» por reunir en sus formas gran carga simbólica.

El conjunto comprende 30 pinturas de la vida y milagros de San Francisco en las que se combinan mosaico dorado y pintura al óleo. Augusto Ferrari interpretó los grabados franciscanos basado en pintores italianos del Renacimiento, europeos del siglo XIX y algunos de sus contemporáneos como el español José Benlliure y Gil. Son notables el «Paisaje de Assis», bañado por el sol, «San Francisco renuncia a sus vestiduras», también luminoso, «San Francisco curando a un leproso», pincelada abocetada, grandes contrastes de azules y ocres o «San Francisco moribundo bendiciendo a su ciudad por última vez», casi desprendido de su carnadura en una escena de tensa calma.

El folleto de 1935 incluye la descripción detallada de la arquitectura exterior e interior del templo, las pinturas , una donación espontánea del autor a la Orden de los Capuchinos.

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