El 16 de julio, a las 19, María Ester Joao presentará en el Museo de Bellas Artes obras e instalaciones de sus series «Hilos» y «Halos», en las que un rastrillado piso blanco de sal con círculos concéntricos se dinamiza por la acción de los claroscuros de la luz en la obra. Son formas a partir de una estructura que crece de acuerdo con una lógica geométrica armónica, que sigue espirales orgánicos. En los años '40 surge el arte concreto, denominación que recupera el término acuñado en 1930 por Theo Van Doesbuerg. Y al lado de estos intentos no figurativos se desarrolla en la Argentina una poesía no descriptiva, una liberación retórica que sigue las huellas del creacionismo de Vicente Huidobro: la poesía llamada invencionista. Los artistas concretos, eminentemente racionalistas, y enemigos aparentes del sentimiento y la fantasía, operan con la interacción de puras formas y su acción se desarrolla en el espacio pictórico, buscando códigos accesibles, un idioma visual socializador de la nueva problemática. La pintura aparece como configuración cromática en el plano, así como su escultura aparecerá como configuración de lo espacial.
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Es en el terreno de lo imaginario, más que en el de lo real, donde se ubica definitivamente la geometría que bien podríamos llamar imaginaria. Es una forma de manifestación visual del psiquismo, y en cada línea, cada superficie o volumen, podríamos encontrar el correlato de una figura sentida por el espíritu de María Ester Joao, por su interior. La abstracción es la forma por excelencia de la geometría, de la representación espacial. La poesía de la geometría permite decir lo no dicho, es decir, expresar lo inexpresado de otra forma.
En la obra de Joao, la sal ligada originalmente a la alimentación, es un elemento con múltiples connotaciones. Sirvió como moneda (de ahí el salario) y luego se transformó en el oro blanco. Pero además ha sido símbolo de pureza en distintos rituales religiosos. Joao delinea las formas de sus obras siguiendo la antigua técnica japonesa de los jardines secos de arena (karensansui) como se acaba de mostrar en la reciente muestra de Gauguin en el Museo de Luxembourg en París. Vinculados con el budismo y la filosofía zen, contrapone el carácter efímero de su instalación que finaliza con la muestra en el Museo, y por otra parte la permanencia simbolizada por la sal como elemento inmutable. En sus telas blancas, estructuras abstractas que polemizan con presupuestos de la modernidad, se tornan asombrosamente comprensibles a partir de la luz que genera formas diferentes y configura un nuevo universo visual, que convierte el acto de ver en un discurso acerca del devenir.
Con los cambios de luz y de punto de vista frente al movimiento que sugiere su geometría, las imágenes resaltan la serenidad y la pureza del blanco, que se refiere a una metáfora del silencio. Joao recurre a un repertorio de formas mínimas: relaciona puntos y líneas y construye una estructura casi orgánica, que desafía con unos pocos elementos y la luz una serie de tejidos abstractos que emergen y reaparecen para obligar al espectador a reinterpretar el «blanco sobre blanco» de Malévich y asociarlo a una visión minimalista del arte geométrico actual.
En una marcada depuración minimalista, las telas y los hilos se transforman en escritura dinámica que nos recuerdan la afirmación de Pitágoras «... la geometría es música visual». Hablaba de una música universal cuya fuerza determinaba lo construido por el hombre.
Todo debía responder a esas leyes que derivaban de una sólida estructura geométrica: La magia, o el ocultismo, las doctrinas iniciáticas, tienen una profunda ligazón con el arte geométrico, que teje las redes que organizan la estructuración de las obras. Charles Baudelaire decía que los sonidos, los aromas y los colores se correspondían. De una manera simple y profunda, el poeta había captado la esencia básica de toda creación, que es operar en correspondencia, trabajar e investigar en base a leyes secretas de una geometría ignorada, para generar el fenómeno artístico. El hecho artístico es la consecuencia de desarrollar esa intuición de las correspondencias, y en trabajarla hasta lograr obras como síntesis armónicas. No se entienda mal: con esto sólo queremos afirmar que hay un fenómeno inefable en el arte (junto al aura de W.Benjamín), una geometría no analizable, poética.
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