16 de julio 2002 - 00:00

Exhibe Bellas Artes muestra de Rugendas

Pintura de Johann Moritz Rugendas
Pintura de Johann Moritz Rugendas
En el Museo de Bellas Artes, mañana a las 19 se inaugura la muestra de Johann Moritz Rugendas (1802-1858), que se presenta gracias a la Fundación de la Cultura Prusiana y el Instituto Iberoamericano de Berlín.

Frente al racionalismo que terminó imperando en la Europa del siglo XVIII y cuya expresión artística fue el Neoclasicismo, surgió el Romanticismo, arrollador y vital, que exaltó al hombre y la naturaleza, y canalizó el ímpetu de libertad e independencia que impregnó toda la primera mitad del siglo XIX. La pintura romántica, a través de los paisajes de Rugendas, rompió con los arquetipos de la antigüedad y se interesó por la intimidad del ser humano y por lo exótico. Este fue el espíritu que animó los viajes y las obras de Rugendas.

Pertenecía a una familia de artistas de Ausburgo, ciudad donde nació. Luego de sus primeros aprendizajes de dibujo junto a su padre y al pintor Albrecht Adam, inició sus estudios en la Academia de Arte de Munich, en 1817. En 1821, se unió como ilustrador a la expedición científica del Barón Georg Heinrich von Langsdorff, y partió rumbo al Brasil. Aunque posteriormente se separó del grupo por dificultades con Langsdorff, viajó solo por varias regiones que reflejó en sus dibujos de paisajes, escenas callejeras, imágenes de la vida de los indios y de las diferentes razas.

Cuando en 1825, regresó a Europa, conoció en Francia a Alexander von Humboldt, que se interesó por sus dibujos especialmente los dedicados a la vegetación. Gracias a él, entre los años 1827 y 1835, Rugendas publicó «Voyage Pittoresque», en la editorial Engelmann de París, con texto del historiador Víctor Aimé Huber (1800-1869).

Las treinta láminas litografiadas con vistas de distintas regiones y plantas características, incluían animales, jinetes, aborígenes, o bailarines. En Francia decoraron papeles murales y porcelanas con sus dibujos sobre Brasil. Entre 1834 y 1837, se emplearon en siete platos de un «servicio campestre» producidos por la manufactura de porcelanas de Sèvres.

En su segundo viaje, - luego de una breve estadía en Haití-, en 1831 llegó a México, donde realizó distintos recorridos durante tres años. Estudió particularmente las regiones volcánicas rocosas del centro y las tropicales de la costa. No sólo dibujó paisajes sino también costumbres y escenas de las ciudades que conoció. En México además de sus dibujos, óleos y acuarelas, realizó el primer óleo sobre cartón.

Para el diseño de sus óleos,
Rugendas hacía primero un dibujo a tinta, un croquis a lápiz o una acuarela, y en sus estudios previos registraba la gama de colores. Sus estudios al óleo lo ubican entre los más destacados pintores al aire libre en el siglo XIX. Como antes con Humboldt, para sus dibujos acerca del paisaje se procuró la colaboración de naturalistas, y recorrió Michoacán, Jalisco y Colima, con el ingeniero y cartógrafo Eduard Harkort, quien realizaba estudios geológicos mientras Rugendas dibujaba.

En cuanto a sus investigaciones de la flora, tuvo la colaboración del botánico y médico alemán
Wilhelm Julius Schiede (1798-1836) y el naturalista Carlo Christian Sartorius (1796-1872). En sus paisajes de la zona del Nevado de Colima logró resaltar los aspectos más típicos, a través de la acentuación de los contrastes del color. En 1834, Rugendas llegó a Valparaíso y hasta 1842 residió en Chile, donde realizó numerosos dibujos costumbristas y retratos. Sus trabajos fueron valorados al punto de que el Presidente Joaquín Prieto en una carta de presentación, en 1835 escribió «Persuadido de que esta expedición no sólo va a ser útil al progreso de las ciencias naturales, sino también a Chile en particular, deseo que su éxito sea el mejor...»

Entre sus vínculos con los naturalistas de Chile conoció al científico francés Claude Gay (1800-1873), quien en su Atlas «Historia de Chile», incluyó 10 litografías de Rugendas. Atravesando los pasos andinos, partió hacia la Argentina a fines de 1837. Al año siguiente en Mendoza, dibujó tipos humanos, trajes y costumbres. También, a propósito de la noticia de un ataque a una posta de correos, que habían realizado los indios pehuenches, inició una serie sobre el tema del malón, muy vinculada -como toda su obra-, al espíritu romántico que había traído, en 1830 desde París, el gran poeta Esteban Echeverría, y destacado en sus versos, sobre todo en «Rimas» de 1837. Tiempo después, Rugendas y Echeverría se conocieron en Montevideo. En febrero de 1846, Rugendas se encontró en Río de Janeiro con Domingo Faustino Sarmiento, con quien ya había estado en Chile, y que comenzaba su viaje a Europa y a los Estados Unidos. Sarmiento anticipó el reconocimiento al valor de sus dibujos «Rugendas es un historiador mas bien que un paisajista; sus cuadros son documentos en los que se revelan las transformaciones, imperceptibles para cualquier otro. Humboldt con la pluma y Rugendas con el lápiz, son los dos europeos que mejor han descripto la América Latina».

En su ruta de regreso a Europa, en 1847,
Rugendas estuvo por segunda vez en la Argentina. Residió en Buenos Aires, donde se interesó por reflejar la vida de su gente. Al año siguiente, ya fracasado su intento de publicar sus trabajos en París, los vendió a coleccionistas de arte de Baviera. Falleció en Weilheim, Alemania, el 26 de mayo de 1858.

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