12 de noviembre 2003 - 00:00

Exhiben hoy un raro film de Fellini para la TV de EEUU

U na novedad casi absoluta cierra hoy el ciclo de homenaje a Federico Fellini que se ha venido cumpliendo en Sala Leopoldo Lugones del Teatro San Martín. Se trata del telefilm «Apuntes de un director», que el artista hizo en 1968 como un modo de exorcizar enemistades, o, al menos, sacarse de encima un compromiso firmado en un momento de debilidad con la NBC.

Como es sabido, Fellini desdeñaba el mundo de la televisión, aunque siempre iba gentilmente a cuanto programa se lo pidiera. Eso le permitió después caricaturizar a reporteras y opinólogos en su estremecedor «Toby Dammitt (No juegues tu cabeza con el Diablo)», basado en un cuento de Edgar Allan Poe sobre un actor que paga el precio del éxito. E imaginar en «Entrevista» el significativo combate de un grupo de gente de cine contra unos indios armados con antenas de televisión. Y, sobre todo, hacer con «Ginger y Fred» un hermoso y doloroso retrato de dos viejos ultrajados, pero jamás vencidos, por la crueldad de los años y los programas de entretenimiento.

El desdén estaba justificado. Recuérdese, por ejemplo, cuando tras ganar el Oscar por «La strada» lo anunciaron en un programa norteamericano de interés general diciendo algo así como «en el próximo bloque, un director italiano va a enseñarnos cómo se besa a una mujer». Pero también confesaba que «la presencia de este ojo grisáceo abierto en una casa -el ojo de algún animal fantástico-siempre me fascinó». Por eso, cuando un día el productor de la NBC Peter Goldfard le habló de un programa llamado «Experimental Hour», donde según él cada invitado (como Pablo Picasso) hacía lo que quería, el hombre firmó contrato. Luego, perezoso, ofreció que pasaran algo de la película que estaba haciendo en ese momento, «Fellini Satyricon», mezclado con alguna entrevista, y punto. «En total, medio día de trabajo. Goldfard me miró, medio persuasivo y medio imperioso: 'Debemos hacer algo más orgánico'».

El resultado son estos «Apuntes de un director», una hora televisiva (es decir, 52' cortados en bloques) que de orgánico tienen poco y nada, pero son bien atractivos, e incluyen un paseo por los inútiles sets de un proyecto abandonado, una visita atemporal al Coliseo, y una sesión de casting de personajes fellinescos, más que fellinianos, entre otras cosas que servirían de bocetos a desarrollar luego en «Fellini Roma» y otros films. También, una humorada con Marcello Mastroianni como fresco latin-lover rodeado de turistas japoneses y obsecuentes de ambos sexos, escena que años después la viuda del actor rescató, enriquecida con observaciones del propio Marcello, en el documental «Mi ricordo, si, mi ricordo».

La NBC insistió en repetir la experiencia, pero Fellini opuso reparos. «Querían reservarse el corte final, y yo no trabajo en esas condiciones. Además, nunca hablé con el mismo ejecutivo, siempre había uno distinto. Así que les propuse algo imposible, irme a la China a entrevistar a Mao Tsé Tung, todo pago, incluso si al final no lo entrevistaba, y dejaron de llamarme». La NBC le tomó miedo, mientras él le perdía el miedo a la RAI, y hacía con ella un par de delicias: «Los payasos» (donde de paso criticaba al personal de archivo de la TV francesa) y «Ensayo de orquesta». Pero esta es otra historia.

Dejá tu comentario

Te puede interesar