6 de septiembre 2005 - 00:00

Exhibirán retrospectiva de Bedel

Monumento al prisionero político (1973), una de las obras que integrarán la retrospectiva del polifacético Jacques Bedel que se exhibirá en el Centro Recoleta.
"Monumento al prisionero político" (1973), una de las obras que integrarán la retrospectiva del polifacético Jacques Bedel que se exhibirá en el Centro Recoleta.
En pocas semanas, Jacques Bedel expondrá una retrospectiva en la Sala Cronopios del Centro Recoleta. Bedel (1947) nació en Buenos Aires, donde se graduó como arquitecto. «Es la carrera más completa en lo referente a una formación humanística y de arte, además de posibilitar el hecho de desarrollar la disciplina creativa, no sólo de espacios habitables sino de cualquier cosa que constituya el entorno del hombre», ha dicho.

En 1974, el British Council le otorgó una beca para estudios de escultura en Londres y en 1980, recibió el Premio Fulbright para investigaciones en el National Astronomy and Ionosphere Center de la Cornell University. Desde su creación en 1971, integró el Grupo CAYC; con sus colegas participó en la Bienal de Venecia y obtuvo el Gran Premio de la Bienal de San Pablo en 1977, y recorrió con ellos museos y galerías de todo el mundo, desde Riejavik a Nueva York, desde Berlín a Praga, desde Helsinki a Ljubliana.

Bedel
comenzó su obra con proyecciones múltiples de sombras en color, y su preocupación era crear objetos que reflejaran sombras, pero que también valiesen por sí mismos cuando cesaran las proyecciones. De estas búsquedas fue testimonio su primera exposición en la galería Pizarro, en 1967. Luego de desarrollar esferas y cubos dentro de cuerpos geométricos, se inició en el terreno de la escultura, utilizando el acero inoxidable, un metal que le permitió trabajos de mayor tamaño. Le interesaba operar con grandes planos reflejantes procurando que la obra desapareciese visualmente al proyectar lo que la rodeaba.

Un hito en su producción fueron los Libros: objetos tridimensionales con paisajes, ruinas, restos, y una representación que no era familiar para el espectador. La oposición libro cerrado/libro abierto era además portadora de múltiples sentidos.

A diferencia del arqueólogo, Bedel no intentaba reconstruir, sólo documentaba y reseñaba. Copiaba o imaginaba vestigios. Rescataba en sus obras la grandiosidad del territorio que va desde la fría Patagonia a la Mesopotamia tropical y elaboraba ruinas, que luego incorporaba en sus libros. Recombinó elementos naturales tomados de las diferentes zonas del país y los sometió al mismo proceso químico que sufrieron en el transcurso del tiempo, con la diferencia que él controlaba y experimentaba las distintas etapas. De este modo, reelaboró las fosilizaciones, los carbones e incrustaciones de aguas y minerales, integrándolas a representaciones regionales con tierras, óxidos y silicatos. Son las obras que expuso en el Museo de Tokio Stripped House, y como en todas las muestras anteriores, con Benedit, Grippo, Marotta, Portillos, Testa y el autor de esta nota. No sólo se propuso un rescate poético de las riquezas naturales del país, frente a la aparición de lo tecnológico, sino que además planteó su interés por los mitos y las leyendas.

Las ciudades del Plata (como es sabido, el nombre Argentina deriva de Argentum), se refieren a lo que los conquistadores españoles del siglo XVI buscaron empeñosamente sin éxito. Sus reconstrucciones tendieron -como en el caso del Valle de la Luna, en las provincias de La Rioja y San Juan-a reformular su perspectiva acerca de las fuerzas que, durante millones de años, han actuado sobre la Naturaleza en el Hemisferio Sur. Desde comienzos de los noventa, cuando inició sus Rollos en largas planchas de plomo, Bedel ha ido recobrando el logos divino escrito por los hombres. Se internó en el Apocalipsis de Juan, desarrollado en la isla griega de Patmos, hacia el año 95 de nuestra era. Juan fue desterrado a Patmos por las violentas persecuciones contra la naciente Iglesia cristiana ordenadas por el emperador de Roma, Domiciano. El Apocalipsis describe la lucha contra la impiedad y la barbarie romanas para que, vencidos los enemigos, se pudiera establecer el definitivo Reino Celeste.

El Antiguo Testamento contiene varias muestras de la literatura apocalíptica, tan afín a los judíos, cuyo paradigma es el Libro de Daniel. Toda revelación es una profecía y el Apocalipsis, un texto profético: revela/ profetiza cómo será aniquilado el mundo nefasto y cómo será construido el universo de la paz y el amor. Por eso Bedel ha elegido citas que se vinculan con la esperanza y el futuro y no con los desastres narrados por Juan, que han llevado a tomar la palabra apocalipsis como sinónimo de muerte y destrucción.

Su serie
Verbum recomponía el interminable diálogo entre el hombre y lo Absoluto. En otra serie de rollos Ignis, sugería las formas extremas que podría llegar a investir lo Absoluto en su relación con el hombre. Partió de los gráficos que indican la onda de emisión de la gran llamarada y la intensidad de la energía, cuando el laboratorio espacial Skylab, registró una poderosa explosión solar. Bedel recodificó esas experiencias. «Apasionado por el misterio de la creación, Bedel plantea interrogantes que alternan el cuestionamiento de las respuestas ofrecidas por las diferentes religiones y culturas a lo largo de siglos con los abordajes contemporáneos», escribió la curadora Corinne Sacca Abadi, en su ensayo sobre Bedel.

En la tercera edición del Certamen Iberoamericano de Pintura Aerolíneas 2004, fue distinguido con el Gran Premio por su obra
«Aproximación a la maldad», por un jurado de críticos internacionales y locales. El trabajo representaba a una nube que fagocitaba a otra, y continuaba con sus propuestas vinculadas al espacio y al infinito. Seguía con su serie Apocalipsis que expuso con el Grupo en la Bienal de Venecia. En sus obras no hay misticismo ni fin teológico, sino interés por la interminable empresa del ser humano por saber de sí y de su destino.

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